8. El juguete del rey
Alaric
Durante treinta años he gobernado en un mundo mudo.
La pérdida del olfato no solo me arrebató las fragancias; me arrancó el vínculo más primitivo con mi lobo. Sin rastro, sin instinto, sin impulso. Aprendí a vivir así. A convertir la ausencia en fortaleza. A ser el Rey de la Frontera porque nada era capaz de alterarme.
Ni el deseo.
Ni la ira.
Ni el miedo.
Hasta la subasta.
No tenía intención de asistir. El consejo llevaba años insistiendo, enviando invitaciones con la misma obstinación co