Mundo ficciónIniciar sesiónHoy me ejecutarán frente a los nobles del reino. De alguna forma me encontré en un banquete sangriento, los asientos a mi alrededor ocupados por mi próxima familia política... todos muertos. Y en mi mano, un cuchillo cubierto por su sangre. Tuve un juicio, por supuesto, en donde ni siquiera tuve la oportunidad de defenderme o buscar a los verdaderos traidores. Traidores cuyos oscuros planes iban más allá que solo mi muerte. Así que mientras el filo de la guillotina resplandecía grité al cielo por un maldito milagro y la oportunidad de poder salvar a mi pueblo. Y el cielo respondió. Ahora, con la ayuda de mi mejor amigo, debo huir al reino cercano para salvar mi vida y encontrar las respuestas a los misterios de ese día: ¿Quién asesinó a la familia real? ¿Por qué no puedo recordar nada? y ¿Por qué no puedo contactar con mi loba o transformarme después de eso?
Leer másEl salón de descanso era una especie de anexo más pequeño, separado del gran salón por un arco amplio y varias columnas de piedra. Allí la música se escuchaba más lejana, más suave. Las conversaciones eran más bajas. Más… íntimas, si es que eso se podía llamar intimidad con toda la atención volcada sobre mí.Había sofás, mesas pequeñas con copas y botellas.Y nobles.Muchas lobas nobles.Algunas nos miraron entrar con curiosidad abierta.Otras fingieron no hacerlo, aunque sus orejas y sus ojos las delataban.La loba del vestido burdeos eligió un sofá y se sentó con gracia. Una de las chicas que la acompañaban le pasó una copa; la otra me ofreció otra a su vez. La tomé, susurrando un “gracias”. Después, ambas se sentaron a un lado de su líder, formando una línea perfecta. Un frente unido.Yo tomé asiento frente a ellas, con la espalda recta.—Qué descortés he sido —dijo entonces la loba principal, llevándose la mano libre al pecho—. Mi nombre es Seris. Mi familia gobierna las tierras d
Después de que los músicos tocaron dos canciones más, me levanté de las piernas de Kryos para dirigirme a la mesa donde se encontraba la comida. No tenía hambre. Al menos no con toda esta atención. Sentía las miradas seguirme. No eran abiertas. No eran descaradas. Eran peores: calculadas. Como si cada paso mío fuera una pieza en un tablero que ellos entendían mejor que yo. Podría ser que si. Yo solo tenía un par de días en el reino y no sabía nada sobre ellos. Caminé con la espalda recta, la cabeza en alto y la sonrisa educada que había practicado desde niña. La misma que usaba en Dromel cuando los nobles me miraban como si yo fuera una aliada futura… o una amenaza. El vestido azul se movía con suavidad alrededor de mis piernas. Los tacones no eran tan altos como podrían haber sido, pero aun así me obligaban a cuidar cada paso. No quería tropezar. No quería darles ese gusto. Llegué a la mesa sin contratiempos, esquivando pequeños grupos de nobles que fingían no estar pendiente
El rey... no, Kryos, era malvado. Lo supe en el instante en que se abrieron las puertas del lugar al que me llevó. No era una jodida cena íntima para decir "hey, miren, nos vamos a emparejar”. No. Era un maldito baile. Con música, con un banquete dispuesto a lo largo del salón… y con cerca de doscientos lobos que giraron la cabeza al mismo tiempo para mirarnos entrar. Me quedé helada. Ni siquiera me había avisado. Ya hablaríamos de eso. Menos mal que el entrenamiento para ser “casi” futura Luna y reina en Dromel entró en acción antes de que hiciera algo estúpido, como dar media vuelta y salir corriendo. Sonreí. Una sonrisa educada. Medida. De esas que no muestran los dientes. El salón era enorme. Un verdadero salón de baile con el techo tan alto que las sombras parecían perderse allá arriba, entre vigas de piedra y enormes candelabros que colgaban como pequeños soles, derramando luz dorada sobre todo. Entre ellos, antorchas encendidas en las paredes añadían un brillo más cál
Levanté una mano para pedir un minuto.Miré a Elian y a Morgana. Ambos parecían gozar de la confianza del rey, así que no perdí tiempo en pedirles que nos dejaran a solas para la conversación que necesitábamos tener.—Rey Kryos…—Kryos.Lo miré sin entender. Él suspiró, como si ya estuviera cansado de mí antes incluso de empezar.—Solo usa mi nombre de ahora en adelante. Si vamos a hacer que nuestro emparejamiento sea creíble, debes tratarme como a alguien cercano, no como a tu rey.—Usted no es...Bueno, mierda. Quizá ahora lo sea... Me estaba desviando.Negué con la cabeza.—Rey Kryos —dije con firmeza—. Me parece incorrecto que usted haga planes que nos involucren a ambos y yo solo sea una participante… activa.Por no decir involuntaria, pensé.Quisiera o no, el rey frente a mí me había salvado la vida. Eso no lo olvidaba. Pero no estaba dispuesta a seguirlo ciegamente sin preguntar, como si mi existencia fuera solo una ficha más en su tablero. Si él quería que yo interpretara el
Regresamos a la habitación y lo primero que vi fue el vestido extendido sobre la cama.Me detuve en seco.Por un segundo pensé que tal vez era una ilusión, o que alguien se había equivocado de puerta. Miré a Elian como si él pudiera confirmarme que aquello no era para mí.Él se encogió de hombros.—Estaré afuera mientras te cambias —dijo, como si fuera lo más normal del mundo.Suspiré con alivio en cuanto lo vi girarse y cerrar la puerta.El vestido negro que me habían dado al llegar era bonito, sí… pero estaba lejos de ser cómodo. Y, sobre todo, estaba lejos de ser mío. Necesitaba con urgencia algo que me quedara bien. O al menos algo limpio.Me acerqué a la cama.El vestido era azul rey. No un azul cualquiera, sino uno profundo, elegante, de esos que parecen beberse la luz en lugar de reflejarla. La tela era suave, fina, con una caída perfecta. Sencillo, sin excesos, sin bordados innecesarios. Largo. Demasiado hermoso para alguien como yo.Lo tomé entre mis dedos con cuidado.Cuando
Mientras seguía sumida en mis pensamientos, Elian se estiró en la cama y abrió los ojos. Parpadeó un par de veces, como si necesitara recordar dónde estaba, y luego giró la cabeza hacia mí.—Hey —dijo con voz aún adormilada—. ¿Ya terminaste de leer?—Sí.Se incorporó un poco, apoyando los codos en el colchón.—Genial. ¿Tienes alguna pregunta?Parpadeé.—¿Preguntas?—Sí. Morgana dijo que tendrías preguntas. Y que yo podía responderlas.Incliné un poco la cabeza, estudiándolo. No parecía estar bromeando. De hecho, su expresión era completamente seria.—¿Es una broma?—No.Bueno. Mierda.—Tengo preguntas —admití—, pero… eres un cachorro.Hizo un gesto desdeñoso con la mano.—La edad es solo un número. Sé mucho más de lo que podrías pensar sobre ese libro.Señaló el volumen que yo había dejado a un lado de la cama.—Uh…Realmente no estaba segura de qué decir ante eso.—Vamos, ponme a prueba —insistió, reacomodándose para sentarse en el borde de la cama y comenzar a balancear los pies—. E
Último capítulo