Mundo ficciónIniciar sesiónHoy me ejecutarán frente a los nobles del reino. De alguna forma me encontré en un banquete sangriento, los asientos a mi alrededor ocupados por mi próxima familia política... todos muertos. Y en mi mano, un cuchillo cubierto por su sangre. Tuve un juicio, por supuesto, en donde ni siquiera tuve la oportunidad de defenderme o buscar a los verdaderos traidores. Traidores cuyos oscuros planes iban más allá que solo mi muerte. Así que mientras el filo de la guillotina resplandecía grité al cielo por un maldito milagro y la oportunidad de poder salvar a mi pueblo. Y el cielo respondió. Ahora, con la ayuda de mi mejor amigo, debo huir al reino cercano para salvar mi vida y encontrar las respuestas a los misterios de ese día: ¿Quién asesinó a la familia real? ¿Por qué no puedo recordar nada? y ¿Por qué no puedo contactar con mi loba o transformarme después de eso?
Leer másEl ruido de las voces furiosas rebotaba contra las paredes de piedra del corredor.Los civiles gritaban a los guardias, exigiendo que los dejaran ver en persona a "La Elegida". Las discusiones llegaban hasta el interior del castillo como un murmullo constante que, por momentos, se convertía en verdaderos rugidos.Elian caminaba delante de nosotros guiando el camino.El cachorro parecía incapaz de ocultar su emoción.Iba prácticamente dando pequeños saltitos mientras avanzaba.Estaba feliz de poder comprobar su teoría.Yo simplemente seguía la corriente.Aunque, siendo sincera, también estaba preocupada por los guardias.Al final del día ellos solo estaban haciendo su trabajo. Me parecía profundamente injusto que terminaran heridos por intentar proteger una puerta cuando aquello podía solucionarse de forma pacífica.Cuando llegamos al pasillo principal, donde se encontraba la enorme entrada del castillo, Elian se detuvo.Giró hacia nosotros con una enorme sonrisa.—Bien. Iré a buscar e
Tuvimos que utilizar el único oro que había en el castillo.El mío.El que había ganado trabajando como "espía" y como "guardia" para evitar que los bandidos atacaran a los nobles.No era una fortuna, pero alcanzaba para que Sasha consiguiera un par de cosas indispensables: mensajeros, tinta y papel.Morgana y yo pasamos un día entero escribiendo, tachando y reescribiendo cartas.Era mucho más complicado de lo que parecía.No podíamos sonar débiles.Tampoco arrogantes.Mucho menos amenazadores.Necesitábamos que todos los nobles y Alfas del reino acudieran al castillo por voluntad propia, convencidos de que el rey tenía un asunto urgente que tratar con ellos.Cada palabra importaba.Cada frase podía interpretarse como una declaración de guerra... o como una súplica.Cuando finalmente dimos con un texto que nos convenció a ambos, ya había oscurecido.Los mensajeros montaron los caballos del rey muerto y partieron a toda velocidad.Todavía había caminos cubiertos de nieve y otros comple
Sacudí la cabeza y me acerqué al lado opuesto de la ventana. Copié su postura y observé el camino cubierto de nieve que comenzaba a mostrar franjas de tierra húmeda. La primavera estaba acercándose. —No. Mi voz salió firme. —Kryos... Gruñí. —Cuando decidimos hablar "después" yo me refería a saber si preferías una cómoda cueva en el bosque o irnos a alguno de los reinos vecinos. No a si me quedaba en el trono, Morgana. Es un plan demente y suicida ponerme un blanco en la espalda y tener a Elian aquí para que todo noble que haya conocido al rey pueda identificarlo. —No es como si te sugiriera que tomaras de la mano a Elian y lo exhibieras a los nobles —dijo con calma—. Solo necesitamos que estés en el trono. La miré con incredulidad. —Es absurdo lo que propones, hermana. Ella ni siquiera se ofendió. —Si sigues siendo el rey, controlamos la información. —También nos convertimos en un objetivo. —Ya somos un objetivo. No pude discutir eso. Llevábamos años siendo objetivos.
Fueron meses tranquilos. Meses extraños. Durante tanto tiempo había vivido esperando el siguiente ataque, el siguiente problema o la siguiente orden absurda que, cuando por fin desaparecieron, no supe muy bien qué hacer conmigo mismo. Simplemente existí. Morgana y yo recordamos algunos de los juegos que teníamos cuando éramos cachorros y los compartimos con nuestros hermanos. En los días menos fríos salíamos a la nieve. Corríamos. Jugábamos. Nos perseguíamos entre montículos blancos que llegaban hasta nuestras rodillas. Vi sonreír a Morgana mientras Elian intentaba bombardearnos con bolas de nieve. Su puntería era terrible. La mayoría terminaban golpeando árboles, paredes o cualquier cosa que no fuéramos nosotros. Aun así, él seguía intentándolo con una determinación admirable. Y Morgana reía. No era una sonrisa fingida. No era una de esas expresiones breves que utilizaba para ocultar algo. Era una sonrisa real. Libre. Hacía mucho tiempo que no la veía así. Quizá añ
Último capítulo