Mundo ficciónIniciar sesiónLysandra Ardenne lo perdió todo antes de cumplir veinticinco años: la fortuna de su familia, la protección de su apellido y la libertad sobre su propio cuerpo. Tras años de violencia, huye sin destino hasta aceptar un anuncio extraño y desesperado: se busca niñera para una residencia aislada en lo profundo del bosque. Lo que no sabe es que ese lugar no es una simple comunidad, ni que el hombre que la contrata es Kael Voryn, un Alfa temido y respetado, distinto a todos los demás. Portador de un poder antiguo que mantiene unida a su manada, Kael gobierna el bosque con reglas propias… y secretos que nadie se atreve a nombrar. Cuando el pasado de Lysandra la alcanza y la violencia vuelve a encontrarla, Kael interviene sin dudar. Porque en su mundo, proteger es un acto sagrado. Y lo que se protege, se reclama. Mientras la atracción entre ambos crece y las heridas de Lysandra comienzan a cicatrizar, ella descubrirá que su llegada no fue casual, que su sangre guarda un vínculo olvidado con el bosque… y que amar a un Alfa marcado por el poder puede salvarla… o arrastrarla a una guerra que nunca pidió.
Leer másEl apellido Ardenne alguna vez había abierto puertas.
A sus veinticinco años, Lysandra Ardenne caminaba por el camino de tierra con una mochila vieja colgada del hombro. El bosque la rodeaba como un animal atento, silencioso. Bajo la ropa ancha que había elegido a propósito, su cuerpo guardaba marcas que no pertenecían al pasado: moretones amarillentos, otros recientes, cicatrices mal disimuladas.
Había sido criada entre lujos.
La fortuna desapareció.
Y con él, la obligación.
Damián Kovrek había sido la solución de su familia. Joven, millonario, intocable. En público, encantador. En privado, brutal. Decía que la cuidaba mientras le rompía el cuerpo. Decía que la amaba mientras la obligaba a callar.
Hasta que Lysandra huyó.
El aviso lo había visto en un diario doblado, olvidado sobre una mesa grasienta de estación de servicio:
SE BUSCA NIÑERA
Residencia privada
Bosque del norte
Pago inmediato
Nada más.
No preguntó. No dudó.
El lugar al que llegó no parecía un barrio común. Las casas estaban separadas, pero había una lógica invisible entre ellas. Presencias. Vigilancia. Ojos que observaban sin mostrarse.
La mansión principal se alzaba más adelante.
No llegó.
—Así que es aquí donde pensabas esconderte...
La voz le heló la sangre.
Antes de que pudiera girarse, una mano la tomó del cabello y la lanzó contra el suelo. El impacto le sacó el aire. El dolor fue inmediato, familiar.
—¿Pensaste que podías huir de mí? —escupió Damián.
El primer golpe le nubló la vista. El segundo la dejó sin fuerzas. Lysandra se encogió, cubriéndose la cabeza, pero él no se detuvo. La insultaba mientras golpeaba. La tierra húmeda se mezcló con sangre.
Entonces escuchó una voz.
—¡Para!
Aguda. Firme. Desesperada.
Una niña salió corriendo desde entre los árboles. Tendría seis o siete años. Cabello oscuro, ojos claros, salvajes.
—¡Déjala! —gritó, poniéndose delante de Lysandra.
Damián rió.
—¿Y tú quién eres?
La niña no retrocedió.
—No la toques.
El empujón fue brutal. La niña cayó de espaldas.
El sonido que rompió el aire no fue humano.
Un rugido profundo, antiguo, atravesó el bosque.
Pasos. Muchos. Demasiados.
Hombres surgieron entre los árboles, rodeándolos en segundos. Se movían como un solo cuerpo. No hablaban. Observaban.
Y entonces él apareció.
Alto. De presencia aplastante. Ojos dorados encendidos por una furia contenida. El bosque pareció inclinarse ante su paso.
La niña se levantó y corrió hacia él.
—Papá…
Eso fue suficiente.
—Retírate —ordenó el hombre con una voz baja, mortal—. Ahora.
Damián levantó las manos, sonrió nervioso.
—No sabía que era territorio privado… pero no me pienso ir sin ella.
Retrocedió un paso. Luego otro.
Y sacó el arma.
El disparo no llegó a salir.
El Alfa se movió más rápido de lo que la mente humana podía procesar. Un segundo después, Damián yacía en el suelo, el cuello roto, los ojos abiertos en una mueca final.
No hubo piedad.
Solo justicia salvaje.
La mujer no vio nada.
Lysandra ya estaba inconsciente.
El Alfa miró el cuerpo un instante. Luego dio la orden.
—Limpien esto.
Los lobos obedecieron sin preguntar; un humano había venido a amenazarlos a su territorio con un arma .La situacion era extraña.
Él se acercó a la mujer caída. Su respiración era débil. Su cuerpo, cubierto de marcas.
Algo en su pecho se tensó, su instinto le hablaba en un idioma claro, pero por el momento el hombre se negaba a escuchar, no podia ser verdad esa sensacion de desesperacion que lo invadia.
el hombre la cargo en sus brazos sientiendo descargas electricas que lo alertaban en solo una cosa, esa mujer no era cualquier mujer para él.
La niña se aferró a su brazo.
—¿Está viva?
—Sí —respondió él—. Y lo estará; mandaré a buscar los mejores médicos.
Lysandra despertó envuelta en calor.
Sábanas limpias. Un aroma extraño, a bosque y a hogar. Su cuerpo dolía, pero no estaba rota. Lo que más le llamó la atención fue aquel silencio, un silencio de hogar tranquilo, algo que no había experimentado hacia mucho tiempo.
—Se despertó —dijo una voz suave.
La niña estaba sentada cerca de la cama.
—Soy Nyra —sonrió—. Papá dijo que no te asuste.
La puerta se abrió.
El hombre entró. Sin violencia. Sin prisa.Con un semblante completamente nuevo.
—Mi nombre es Kael Voryn —dijo—. Estás en mi casa, quiero que estés tranquila.
El silencio en la habitación era espeso, casi incómodo.
Lysandra seguía sentada en la cama, con las manos apoyadas sobre las sábanas. El cuerpo le dolía, pero había algo más intenso que el dolor: la sensación de estar rodeada por secretos que no le pertenecían… y que aun así la envolvían.
La puerta se abrió sin golpearse una vez más.
El hombre que entró era distinto al Alfa, pero compartía algo de su presencia. Más joven, más ágil, con una mirada alerta que no descansaba nunca. Su postura era respetuosa, pero firme.
—Alfa Kael —dijo—. Tenemos que hablar.
El Alfa giró apenas la cabeza.
—Habla.
El recién llegado sostuvo un papel doblado entre los dedos. Avanzó hasta quedar a su lado y lo desplegó con cuidado, como si ese simple gesto pudiera alterar el equilibrio del lugar.
—Esto estaba en el bolsillo de su mochila.
Lysandra reconoció el papel al instante.
El anuncio.
El mismo que había arrancado del diario con manos temblorosas.
El Alfa lo tomó, lo leyó en silencio. Algo en su expresión cambió. No fue sorpresa. Fue confirmación.
—Eso explica por qué estaba aquí —continuó el hombre—. Creo que… venía por esto.
El Alfa alzó la vista hacia Lysandra.
—¿Es cierto?
Ella dudó solo un segundo. Luego asintió.
—Sí. Vine por el trabajo. El aviso… —tragó saliva—. No sabía quién vivía aquí Solo necesitaba irme de donde estaba.
Nadie habló durante unos segundos.
Fue Lysandra quien rompió el silencio.
—Yo… —su voz salió más baja—. ¿Puedo preguntar algo? Sé que no debería, pero...
El hombre que había traído el papel tensó la mandíbula. El Alfa no respondió de inmediato.
—Pregunta.
Ella respiró hondo.
—Lo que vi afuera… —sus dedos se cerraron sobre la sábana—. Cuando ese hombre… cuando Damián sacó el arma… —levantó la vista, directa—. ¿Es cierto que ustedes se transformaron en lobos? pude verlo antes de que todo se pusiera negro.
El aire cambió.
No fue algo visible, pero todos en la habitación lo sintieron. Miradas cruzadas. Mandíbulas tensas. Silencio absoluto.
Nadie respondía.
La niña, que había estado sentada en una silla cerca de la cama, se levantó de un salto y se acercó a Lysandra.
—Tal vez fue el golpe —dijo rápido, con una sonrisa forzada—. Papá dijo que te lastimaste la cabeza. A veces uno ve cosas raras cuando se golpea fuerte; sé que alguna vez me pasó.
Lysandra miró a la niña. Luego, lentamente, volvió a mirar al Alfa.
No insistió.
—Puede ser —dijo al fin.
Bajó la vista. Cuando volvió a hablar, su voz ya no tenía miedo, a pesar de estar rodeada de hombres tan imponentes.
—Sea lo que sea… gracias.
Todos la observaron.
—Ese hombre me hizo daño durante años —continuó—. Me siguió, me controló, me rompió… —respiró hondo—. Hoy sé que no va a volver. Y eso… eso no tiene precio.
Levantó la vista, decidida.
—No los voy a molestar. No voy a decir nada. Nadie me va a creer igual. Me iré tranquila.
El hombre del papel miró al Alfa.
No dijo nada.
No hizo falta.
Kael Voryn sabía lo mismo que su Beta: no podían dejarla ir.
No con esa información.
El Alfa dio un paso al frente.
—No te irás.
Lysandra se tensó.
—Yo—
—No por la razón que piensas —la interrumpió—. Escúchame.
Hizo un gesto hacia el papel que aún sostenía.
—Buscamos una niñera para mi hija. Alguien que viva aquí. Bajo nuestras reglas. Con protección absoluta. De momento nadie había llegado hasta aquí; creímos que el puesto quedaría vacante, y en serio necesito ayuda con este diablillo de aquí al lado.
—Heyyyyy —exclamó la niña.
La miró fijamente.
—El puesto sigue disponible. Si lo quieres.
Lysandra parpadeó.
—¿Yo?
—Sí.
—¿Después de todo esto…?
—Precisamente después de todo esto.
El silencio volvió a instalarse.
Lysandra miró a la niña, que la observaba con ojos brillantes. Miró la habitación. El lujo sobrio. La calma que no había sentido nunca.
Y por primera vez en años, nadie la estaba obligando.
—Sí —dijo, y una sonrisa pequeña, casi incrédula, apareció en su rostro—. Sí, quiero.
La niña soltó un pequeño grito de alegría.
—¡Bien! —corrió a abrazarla sin pedir permiso—. Sabía que ibas a decir que sí.
El Beta soltó el aire lentamente.
—Entonces está decidido —dijo—. Bienvenida.
Lysandra no vio la mirada que Kael intercambió con él.
Una mirada cargada de certeza.
Porque el Alfa sabía la verdad.
Desde el momento en que la había cargado inconsciente en sus brazos.
Lysandra Ardenne no era solo una humana perdida.
Era su mate.
Y ahora que la había encontrado…
El domingo amaneció luminoso en la Manada de Hierro.El sol se filtraba entre las copas de los árboles y el jardín parecía respirar calma, como si nada malo pudiera ocurrir allí. Nyra corría entre los arbustos persiguiendo mariposas, su risa clara resonando como un canto infantil que hacía olvidar, por un instante, las tensiones que se acumulaban en silencio.Lysandra y Kiki la observaban desde un banco de piedra.—Mírala… —susurró Lysandra—. Parece tan libre, ha vuelto a sonreír...Kiki sonrió con ternura.—Nyra siempre ha sido así. Cuando corre, es como si el mundo no pudiera tocarla; es una loba, después de todo....Hubo un silencio breve, denso. Lysandra bajó la mirada, entrelazando los dedos con nerviosismo.—Como te decía... —Lysandra continuó la charla.La loba giró apenas el rostro, atenta, sin interrumpirla.—Damian —comenzó Lysandra, con la voz quebrada— era mi prometido. Decían que era un buen partido… que iba a devolverle a mi familia la fortuna y el prestigio que habían p
—Habla rápido, Iris —dijo la voz masculina del otro lado de la línea—. Estoy ocupado, y poco me interesan los chismes de tu vieja manada, sobre todo cuando deberías estar cuidando de tus hijos en tu actual manada...Iris Valente no se inmutó. Observaba por la ventanilla del auto cómo los territorios de la Manada de Hierro quedaban atrás, verdes y orgullosos. Alguna vez había soñado con ser ella la Luna más respetada de todas las manadas con Kael a su lado. —Entonces escucharás esto con atención, Nathaniel Blackmoon —respondió con frialdad—.Kael Voryn se niega a entregar a uno de tus ciudadanos.Hubo un silencio.—¿De qué estás hablando?—Marcus, uno de los nuestros —continuó ella—. Está retenido en la Manada de Hierro, en abierta violación a las leyes entre manadas.Y eso no es lo peor.Nathaniel suspiró, impaciente.—Iris…—Aloja a una humana sospechosa —añadió ella—. Vive en su casa. Tiene acceso a su hija.Y todo indica que es su mate. Está cambiado como embrujado por ella.El si
El despacho volvió a cerrarse tras ellos con un sonido sordo.—Volvemos al inicio —declaró ella con una sonrisa de contrincante buena.Kael ordenó que sirvieran café. Iris observó el lugar como si fuera suyo, caminando despacio, estudiando cada objeto. Al incorporarse, dejó caer deliberadamente su tapado caro sobre la silla.—Debo irme —dijo, sin moverse—.Pero no sin saber qué le dirás a mi alfa sobre Marcus.Kael no esquivó la mirada.—No lo liberaré.Informaré a los Antiguos y asumiré las consecuencias de lo que decida hacer.Iris sonrió. Se acercó. Demasiado. Seguía jugando al límite para una mujer comprometida como ella.—Sabes… —murmuró—. Si hiciéramos el amor aquí mismo, sobre este escritorio, nadie volvería a molestarte por este sujeto que tanto merece morir según tus palabras y acusaciones... claro... y no tengo por qué dudar de alguien tan íntegro como tú.Inventaría lo que fuera para Nathaniel. Sabes... está ocupado… me creería.Después de todo, he venido para ser mimada po
Antes de dirigirse al almuerzo, Kael se detuvo frente a Iris en el pasillo principal. La luz que entraba por los ventanales dibujaba sombras largas sobre las paredes de piedra.—Hay algo que tienes que evitar mencionar en la mesa —dijo él, con voz baja pero firme—.Nada de manadas. Nada de lobos.Iris alzó una ceja, divertida.—¿No se lo has dicho? —preguntó, ladeando la cabeza—. ¿La humana no sabe? Esto es una locura... ¿Aún no ha visto a nadie de la comunidad transformarse?—No —respondió Kael sin rodeos—. Lysandra es personal bajo mi protección. Su llegada es reciente y hay información que está restringida. No le compete. La manada me ha ayudado a que no vea nada extraño por ahora.Iris sonrió con lentitud, como si acabara de encajar una pieza invisible.—Y además… —añadió— es tu mate.Kael clavó los ojos en ella.—Si lo fuera, sería problema mío —sentenció—. Lo importante es Nyra.La niña la necesita. Se ha apegado a ella más de lo que esperaba… y pienso preservar eso; es una rela
Lysandra se quedó unos segundos observando el caos organizado de la cocina antes de animarse a hablar; sabía que en ese momento ese no era su lugar.—Yasmin… —dijo con suavidad— ¿Puedo ayudar en algo?La mujer mayor levantó la vista, sorprendida. Sus ojos la recorrieron con una mezcla de cansancio y afecto sincero. Luego negó despacio.—No, hija. Ya bastante hiciste ofreciendo —respondió, con una sonrisa cálida—. Esto es asunto de ollas y egos ajenos. Tú ve tranquila,descansa.Lysandra asintió, algo aliviada, y estaba por retirarse cuando una presencia firme se colocó a su lado. Sebastián apareció como una sombra silenciosa, apoyando apenas dos dedos en su brazo para apartarla con cuidado del paso de los demás.—Necesito que te prepares —dijo en voz baja, directa—. Comerás en la mesa principal. Con Kael y con Nyra, son órdenes del alfa.Lysandra abrió los ojos.—¿Yo? —preguntó, confundida—. ¿Está seguro? Yo…—Kiki ya está preparando a la niña —continuó él, sin darle tiempo a terminar—
El despacho parecía haberse encogido, convirtiéndose en el lugar más incómodo del planeta.Kael permanecía de pie frente al escritorio, los hombros tensos, mientras Iris giraba lentamente la copa de whisky entre los dedos, como si el tema que acababa de soltar no fuera una bomba.—Estoy aquí porque tienes prisionero a Marcus —dijo al fin, con absoluta calma—. Y ese hombre estuvo viviendo en la Manada del Sol. Es, nos guste o no, un ciudadano de ese territorio, además del padre biológico de la niña que llamas hija.El silencio se volvió denso.Kael dejó escapar una risa breve, carente de humor.—¿Es una broma? —preguntó—. Ese hombre intentó matar a mi esposa y a mi hermana. Averió el auto en el que viajaban. Eleonora murió. Clara murió. —Su voz se volvió más baja, más peligrosa—. Será juzgado aquí. En mi territorio.Iris apoyó la copa en el escritorio y se enderezó.—No puedes hacerlo —replicó—. El Alfa Nathaniel exige que Marcus sea entregado. Sus crímenes, si es que fueron cometidos,
Último capítulo