Capítulo 9.
—¿Lo puedo… pensar? —pregunté con nerviosismo.
El silencio que siguió fue peor que un rugido.
Toda expresión desapareció del rostro del rey Kryos Draven. No hubo ira, ni sorpresa, ni siquiera decepción. Solo vacío. Una nada peligrosa que me heló la sangre.
—Guardias —ordenó con voz neutra—. Llévense a esta hembra a la mazmorra. Y que alguien envíe una misiva al reino de Cornelius; tenemos a su ex Luna fugitiva en el castillo y vamos a entregársela.
Mis ojos se abrieron de par en par y el aire s