Capítulo 67.
—Como sea —murmuró, frotándose las sienes—. ¿Hablaste con los lobos que querían mi cabeza durante mi ausencia?
Arqueé una ceja.
—No. Ni siquiera han venido con una contraoferta o algo.
Señaló la bolsa y fruncí el ceño al seguir su gesto.
—¿No fuiste tú quien la puso en mi cama?
—¿Por qué mierda lo haría?
—No sé —respondí, agitando las pestañas—. Quizá te sientas muy agradecido porque hice el trabajo de Luna estupendamente.
Eso no le gustó. Gruñó bajo, un sonido que vibró en el aire de la habita