Capítulo 66.
Miré fijamente las sábanas debajo del cuerpo de Kryos.
Estaban arrugadas, manchadas con polvo seco del exterior y seguramente con ese olor que solo se pega cuando alguien entra directo desde los establos del castillo sin cambiarse. Hice una mueca mental. Estaba agotada. Exhausta al punto de que la sola idea de salir de la habitación para buscar sábanas limpias me parecía una tortura digna de los peores castigos de la Gran Madre.
Había sido un día largo. Largo de los que no te dejan espacio e