Mundo ficciónIniciar sesiónDicen que los Blackwood están hechos de mármol y secretos, pero yo prefiero pensar que solo necesitan un buen martillo para romperse. Como arquitecta, mi trabajo es diseñar estructuras sólidas, pero como Donovan, mi especialidad es demoler el orden. Spencer Blackwood es el CEO más brillante, frío y exasperante que ha pisado Londres; un hombre que vive bajo la dictadura de su agenda y que cree que puede comprar el mundo con una firma. Me contrató para diseñar su proyecto más ambicioso, pensando que yo sería otra pieza en su tablero. Pobre iluso. Él cree que tiene el control absoluto. Yo creo que su estructura tiene grietas peligrosas. Nuestra relación es una colisión constante entre su lógica empresarial y mi caos creativo. Pero entre planos robados, discusiones a medianoche y miradas que queman más que el whisky caro, he descubierto algo: detrás de ese estratega carismático hay un hombre que no sabe qué hacer cuando los sentimientos no cuadran con los números. Somos oponentes por naturaleza y aliados por necesidad. Pero en este juego de poder, solo uno de los dos quedará en pie... y yo no pienso ser la que se derrumbe.
Leer másDiez años no son nada en la escala de un edificio, pero son una eternidad cuando se trata de construir una familia.El sol de junio caía sobre la mansión Blackwood, pero ya no era la estructura fría y gris que recordaba de mis primeros años allí. Los jardines, una vez impecables y casi intimidantes bajo la supervisión de Spencer, ahora estaban invadidos por el caos encantador de la vida: juguetes de madera esparcidos, árboles de magnolia que daban sombra a una mesa de dibujo improvisada y el sonido constante de risas que no conocían la censura.Me detuve en el umbral del salón principal, esa misma sala donde una década atrás, un Spencer desesperado había intentado comprar mi amor con lirios blancos y un anillo de diamantes. Me llevé la mano al cuello, acariciando la sencilla cadena que ahora llevaba allí, un recordatorio físico de que el lujo no era lo que definía nuestra casa.Un ruido sordo y una carcajada cristalina me sacaron de mis pensamientos.—¡No es así como se dibuja un arco
(Narrado por Spencer Blackwood)La mansión Blackwood nunca se había sentido tan silenciosa como aquella mañana. El aire estaba cargado de una electricidad residual, una mezcla entre el rastro de la tormenta que acababa de pasar y la calma tensa de un campo de batalla tras el cese al fuego. Estaba arrodillado en el sofá, mis manos todavía trabajaban sobre los tobillos de Casey, sintiendo cómo sus músculos, habitualmente tensos por el peso de sus proyectos, se rendían lentamente bajo mi tacto.La miré. Sus ojos estaban cerrados, su cabeza apoyada contra los cojines, y por primera vez en semanas, no vi a la mujer que me miraba con desdén o cautela. Vi a la mujer que, en medio del caos, había decidido llevar una vida dentro de ella, una vida que nos obligaba a ser mejores, aunque fuera a la fuerza.—Te ves diferente —murmuré, deteniéndome un instante para observar la curva de su perfil.Casey abrió los ojos lentamente. Eran ojos que habían visto demasiada traición en los últimos meses, pe
Dominic BlackwoodLa clínica de fertilidad era un bastión de cristal y mármol en el corazón de Marylebone, un lugar donde el silencio se compraba a precio de oro. Caminaba junto a Chloe, manteniendo mi mano firmemente apoyada en su espalda baja. Hoy era el día. Ella continuaba con su monitoreo y yo iba a cumplir mi parte del pacto. Había una extraña solemnidad en el ambiente, una sensación de que estábamos blindando nuestro mañana.Pero el destino, o más bien los pecados de mi pasado, tenían otros planes.Al doblar el pasillo hacia la zona de consultas privadas, lo vi. Estaba sentado en una de las poltronas de cuero, revisando su reloj de oro con esa suficiencia insoportable que me revolvía el estómago desde que teníamos diez años.Dylan Ferrer.Si yo era la Gárgola de Londres, Dylan era la serpiente que siempre intentaba deslizarse por las grietas de mi imperio. Nuestras familias habían competido por generaciones, pero lo nuestro era personal; desde los internados suizos hasta las ju
(Narrado por Spencer Blackwood)Me quedé allí, de pie en medio del salón, sintiendo el peso del anillo de diamantes en el bolsillo de mi chaqueta como si fuera una piedra de plomo. Todo estaba listo: las luces tenues, el vino más caro de mi bodega y esos miles de lirios blancos que, según mi lógica de arquitecto, debían crear el ambiente de una catedral del amor.Entonces, la puerta principal se abrió.Casey entró arrastrando los pies, con el bolso colgando del hombro y el cabello ligeramente despeinado por el viento de la tarde. Se detuvo en seco en el umbral. Sus ojos recorrieron las montañas de flores, las velas encendidas y mi traje perfectamente entallado. Esperaba una mirada de asombro, quizás una lágrima de emoción, pero lo que vi fue una palidez súbita que recorrió su rostro.De repente, se cubrió la boca con la mano y, sin decir una palabra, salió disparada hacia las puertas acristaladas que daban al patio.—¡Casey! —exclamé, dejando caer la caja de terciopelo sobre una mesa
Último capítulo