Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche que cambió mi destino, lo arrasó todo. De repente, mi hogar y mi familia, fueron destrozados en una masacre que quedó grabada en mi memoria. Lo que debía haber sido un momento de paz se convirtió en una pesadilla de sangre, traición y pérdida. Soy Lina, y desde aquel día, solo existe una palabra que retumba en mi cabeza: Venganza. Huyendo de las cenizas, pero no buscando esconderme, sino encontrar al legendario y despiadado alfa máximo, Christian. Él es el más temido y poderoso de todo el continente, y tengo una única misión: pedirle ayuda para cumplir mi deseo de justicia, sin importar a qué costo. Pero Christian no es un hombre que entregue su ayuda sin pedir algo a cambio. ¿Qué me pedirá: un arma, una confidente, una pieza en su juego, una amante, o quizás algo mucho más profundo y peligroso? Estoy dispuesta a todo para obtener lo que quiero, incluso a entregarme por completo... porque cuando la sed de venganza arde, no hay límites para lo que una mujer puede hacer.
Leer másEl silencio que sigue a sus palabras es ensordecedor.Alguien que creíste que estaba muerto.Las palabras reverberan en mi mente como un grito que rebota en las paredes de piedra. Mi mano aprieta la suya con tanta fuerza que casi puedo sentir la rigidez de sus huesos bajo mi agarre desesperado. No es miedo lo que corre por mis venas en este instante. Es algo mucho más peligroso: esperanza envenenada.—Dilo ya —exijo, mi voz temblaba de impaciencia y rabia contenida—. No juegues conmigo, Christian. No ahora.Avanzamos por los pasillos subterráneos, el silbido de la multitud aún retumbando a nuestras espaldas, la aceptación de la manada colgando sobre nuestros hombros como una corona mojada. Pero no hay triunfo en este momento. Solo preguntas que queman más que el fuego que acaba de consumirnos en esa cámara.Christian me arrastra hacia su despacho sin soltar mi mano. Es un gesto de posesión tan evidente que hasta los lobos más altos del rango desvían la vista respetuosamente. La Madre
La vela se apagó dejándome en la oscuridad absoluta.Durante un segundo —ese segundo que dura una eternidad— no hay nada. Solo el silencio del fracaso. Solo la certeza de que todo se acabó.Pero luego... un calor distinto. No es el de la llama. Es más profundo. Es él.Siento como sus brazos fuertes me envuelven desde la oscuridad, levantándome del suelo antes de que pueda caer completamente. El aroma familiar de Christian me golpea los sentidos: bosque salvaje, poder, dominación. Mis ojos se abren de golpe.—La prueba continúa —murmura Christian contra mi oído, su voz estaba tan cerca que siento cada vibración en mi cuello—. Pero ahora será diferente.La cámara se ilumina con una claridad sobrenatural. No hay velas. No hay fuego. Solo la energía pura que emana de Christian, como si él mismo fuera la luz que me sostiene.Los guardianes que me observaban desde las sombras desaparecen. Está decidido: esto es entre nosotros.—¿Qué significa esto? —pregunto, tratando de mantener mi voz fir
El umbral respira a mi alrededor, una promesa gruesa de verdad y dolor, y me obligo a avanzar, paso tras paso, sin dejar escapar la sensación de que cada movimiento está midiendo mi pulso.La primera etapa me arranca del torso un suspiro, porque exige que confíe en la manada sin reservas, que abandone la libre voluntad en favor de un nosotros que todavía no está escrito. Se trata de una prueba física. Debo atravesar un corredor estrecho, cuyas paredes están llenas de símbolos ancestrales grabados en la superficie. Cada símbolo palpita como si estuviera vivo, marcando un ritmo que sólo la mente puede seguir. Noto la forma de la manada grabada en la roca, la misma que la Madre de la manada mencionó como la trinidad de las que nacen todas sus leyes: protección, sacrificio y verdad.No hay espacio para dudas, debo caminar sin mirar atrás, manteniendo el equilibrio en mis pasos y la respiración controlada, El aire se espesa, caliente y frío a la vez, como si la cueva respirara conmigo. Tr
El sonido de la puerta cerrándose detrás de ellos me devuelve a la realidad. El silencio que sigue es pesado, como una sábana de plomo que empeora cada respiro que intento dar. Me obligo a sostener la mirada en el pasillo, tratando de no ceder a la ráfaga de dolor que ataca mi pecho.La respiración me late en las sienes; pero ahora mismo no es la verdad la que me quema; es la desilusión de haber esperado que mi voz fuera una fuerza, solo para descubrir que mi propio deseo de justicia ha sido usado como moneda en un juego de poder mucho más grande.Camino un paso, luego otro, buscando un respiro que no llega. Cada pared parece escuchar mis pensamientos, cada eco de pasos en el pasillo me recuerda que la manada ya sabe de mi presencia, de mi vulnerabilidad, de mi necesidad de que Christian me proteja, aunque sin promesa de reciprocidad. Pero la revelación de esa fragilidad es también una advertencia: si sigo pidiendo ayuda sin negociar un límite claro, podría terminar pagando con mi auto
Las luces de la sala de reuniones aún parpadean en mi memoria cuando la voz de Christian se apaga, dejando un silencio cortante que parece medir cada latido. La promesa de la prueba de fuego cuelga en el aire como una promesa no dicha: peligrosa, tentadora, inevitable.Todo parece quedarse un poco detrás de mí, como si aún respirara con el eco de las palabras de Christian: “La prueba de fuego ya está decidida”. El aire entre los asientos quedó suspendido, pesado. Salí sin prisa, dejando que el silencio me envolviera. El reloj latiendo en mi oído con cada minuto que parece una promesa incierta. Quisiera decir que no me asustan los cambios, pero la verdad es que siento el pulso en las sienes y el deseo de entender qué significa todo esto para mí.La sala se vacía a mis espaldas y el pasillo devuelve mi respiración en un ritmo que parece marcaje, como si alguien hubiera puesto un tambor en mi pecho. No sé qué me espera ahora, pero camino bajo la luz fría y ansiosa. Los pasillos están vac
La mayor de las lobas madres, una criatura imponente con casi un siglo de edad, alzó la mano y dejó que el silencio cayera como una lluvia suave. Sus ojos, que habían visto generaciones, se posaron sobre mí con una mezcla de curiosidad y paciencia.—Quieren saber la verdad, y yo la daré. Lina no es una humana, pero sabe ocultarse. Ha vivido entre nosotros sin romper el pacto, pero llegó el momento de qué reveles la verdad oculta —Christian al escuchar esas palabras, me miró con rabia y desdén.—¿Qué verdad oculta? —preguntó casi como una advertencia.—Hay pactos antiguos entre varias familias de lobos y humanos que conviven sin dañar a ninguno. Lina proviene de una de esas familias —explicó la mayor de las lobas madres con su voz firme pero serena— Ellos han aprendido a ocultarse, a camuflarse, a hacerse pasar por humanos para poder vivir en paz dentro de ese mundo. Muchos no lo aceptan; otros sí, pero es una historia de siglos, tejida en secreto. No es una amenaza para la manada cuan
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