El sonido de la puerta cerrándose detrás de ellos me devuelve a la realidad. El silencio que sigue es pesado, como una sábana de plomo que empeora cada respiro que intento dar. Me obligo a sostener la mirada en el pasillo, tratando de no ceder a la ráfaga de dolor que ataca mi pecho.
La respiración me late en las sienes; pero ahora mismo no es la verdad la que me quema; es la desilusión de haber esperado que mi voz fuera una fuerza, solo para descubrir que mi propio deseo de justicia ha sido usa