Mundo ficciónIniciar sesiónROISIN es una historia envolvente que sumerge al lector en un torbellino de emociones, donde el amor y la pasión se entrelazan con la intriga y los desafíos. En los primeros cinco cautivadores capítulos, acompañamos a Barbara, la protagonista, en su regreso a casa tras años en el extranjero. Lo que debería haber sido un feliz reencuentro se convierte en una pesadilla interminable. Barbara, obligada a casarse con el enigmático magnate Alexander Harrington por razones económicas, se ve atrapada en un matrimonio impuesto que la sumerge en un mundo de oscuros secretos y manipulaciones magistrales.
Leer másNo pudieron evitar reírse. Porque, en el fondo, era verdad. Ellos eran la próxima generación de la Hermandad rusa.Alexander fue hospitalizado y se recuperó favorablemente. Ahora es un hombre distinto, más contenido, más consciente de lo que perdió. Vive por y para su hijo. Según él, no volverá a amar a nadie; se aferra al recuerdo de la mujer que tuvo y dejó ir.Declan le ofreció el lugar que había ocupado Thomas Lewis… y él aceptó. También forma parte de la organización Prescott, aunque Bárbara no es ingenua; sabe que su padre no da nada sin motivo, y que ese puesto también es una forma de mantenerlo bajo control.Todo era, de algún modo, lo que ella había esperado para su vida. Una familia. Un esposo que no necesitaba palabras para demostrarle cuánto la amaba. Hijos creciendo en un hogar que, aunque construido sobre un mundo peligroso, les daba algo que ella nunca tuvo de niña: estabilidad.Los años en los que su vida era una montaña rusa quedaron atrás. El peligro seguía ahí, siemp
“Estamos todos bien. Tu padre se ha quedado con tu hermano y nosotros ya vamos de regreso. Duerme un poco. Te veo en unas horas… Te amo, salvaje.”Estaba agotado. El cansancio le pesaba en los huesos, pero había algo más fuerte empujándolo hacia adelante: la necesidad de volver a casa, de ver a su mujer, de tener a su hijo en brazos. Amaba a Aiden tanto como a su madre, con la misma intensidad silenciosa, firme. Iba a darles una vida que valiera la pena, una vida protegida dentro de lo posible, aunque supiera que el peligro nunca desaparecería del todo. Aun así, lo haría. Siempre lo hacía.Bárbara sintió la vibración en sus manos antes de ver la pantalla. No había soltado el móvil en ningún momento. Lo abrió de inmediato. Era él. No había sorpresas en el contenido, ya lo sabía antes de leerlo, pero necesitaba verlo. Todos estaban a salvo. No hubo bajas. Ni rusos ni irlandeses.El aire salió de sus pulmones en un suspiro largo, profundo, como si recién entonces su cuerpo entendiera que
Declan dejó escapar una risa baja, contenida, mientras el eco de la tormenta seguía golpeando el lugar. A unos pasos, Alexander yacía boca abajo, atado de pies y manos, con una mordaza que le cortaba cualquier intento de sonido. Su cuerpo permanecía rígido, casi inmóvil, como si ya estuviera muerto, pero no lo estaba; respiraba apenas, el pecho subiendo y bajando con cuidado, intentando no provocar nada. Había visto demasiado. El ruso se había encargado de mostrárselo de cerca, obligándolo a observar cada movimiento, cada corte, cada grito ahogado del inglés mientras era despojado de todo. Y ahora lo entendía. Un solo error, un solo sonido fuera de lugar… y sería el siguiente.Tiene suerte de que su exesposa sea compasiva con él, porque Declan se muere por hacerlo pedazos.Nora Harrington ya estaba en camino a recoger a su hijo, y esta vez no habría margen para errores: tendría seguridad las veinticuatro horas, sin descuidos, sin grietas por donde pudiera volver a escapar.Cuando Iván
El aire volvió a sus pulmones de golpe. Sus ojos se llenaron de lágrimas, no por debilidad, sino por la presión acumulada que finalmente encontraba una grieta por donde salir; alivio y miedo mezclados, porque si todo iba según lo planeado… entonces estaban justo en el punto donde todo podía romperse.En el terreno irlandés, la operación alcanzaba su fase crítica. Las cargas explosivas detonaron en perfecta sincronía, una tras otra, cortando las rutas de escape con una precisión brutal. El estruendo desgarró la noche, un golpe seco que hizo vibrar el suelo y levantó tierra, hojas y fragmentos de madera en el aire helado. La onda expansiva se expandió entre los árboles, sacudiendo las copas oscuras, y casi de inmediato, como si hubieran estado esperando ese exacto segundo, los disparos de los francotiradores comenzaron a marcar el ritmo de la cacería, secos, medidos, imposibles de ignorar.Thomas no pudo resistirse a la tentación de un cargamento valuado en millones y, como era de esper
Último capítulo