Mundo ficciónIniciar sesiónROISIN es una historia envolvente que sumerge al lector en un torbellino de emociones, donde el amor y la pasión se entrelazan con la intriga y los desafíos. En los primeros cinco cautivadores capítulos, acompañamos a Barbara, la protagonista, en su regreso a casa tras años en el extranjero. Lo que debería haber sido un feliz reencuentro se convierte en una pesadilla interminable. Barbara, obligada a casarse con el enigmático magnate Alexander Harrington por razones económicas, se ve atrapada en un matrimonio impuesto que la sumerge en un mundo de oscuros secretos y manipulaciones magistrales.
Leer másEl regreso a casa después de años en el extranjero debería haber sido un momento de alegría y celebración para cualquier otra persona. Pero para mí, es solo el comienzo de una pesadilla que nunca termina.
Volver a casa. Ser prisionera otra vez. PERDER MI MALDITA LIBERTAD... OTRA VEZ. El aire fresco de la ciudad de Londres, la que alguna vez llamé hogar se siente pesada y opresiva, como si estuviera atrapada en una celda diminuta. Mi padrastro me recibe en el aeropuerto con una sonrisa fingida, sus ojos brillan con malicia apenas disimulada. —Bienvenida de vuelta, Bárbara. Tengo noticias que compartir contigo, ya que te involucran. Conozco ese tono, nunca es amable y se, que algo turbio se trae entre manos. Me temo lo peor mientras me subo al automóvil que espera afuera del aeropuerto. Mi padrastro permanece en silencio durante el trayecto a casa, pero puedo sentir su mirada penetrante quemando la piel de mi nuca. Sé que algo está mal, pero no estoy preparada para lo que está por venir, quiero un maldito día de descanso antes de que la pesadilla comience. Llegamos a casa y me encuentro rodeada de rostros familiares, sus familiares, todos sonriendo y felicitándome por mi regreso. Pero sé que detrás de esas máscaras de cordialidad se esconde un veneno oscuro e interesado. Todos son familiares de John y jamás me han demostrado interés... Todos ellos viven de la fortuna que me ha dejado mi madre y que administra mi padrastro. Malditos parásitos. John toma mi mano con una fuerza que me hace estremecer y se acerca a mi oreja solo para que yo lo escuche. —He tomado una decisión , y como dije, te involucra. Sube a tu habitacion y ponte el vestido que deje sobre tu cama y baja inmediatamente. Si te tardas, subiré y estoy seguro de que no te gustará. Los ojos verdes y maliciosos de John, son iguales a los de una serpiente que está a punto de atacar. Mejor hacerle caso, la última vez que hubo una reunión "Familiar" en la mansión, fue cuando me fui hace cuatro años, con la excusa de despedirme. No tenía idea que me enviaría a Alemania, a la universidad que él había elegido para mí sin consultarme y terminó humillándome frente a sus parientes, iguales de crueles y despiadados que él. Subo las escaleras que llevan a mi habitación y al entrar me encuentro con un bonito vestido blanco. ¿De todos los colores que hay en el mundo, elige este color? Es un vestido fino, delicado y la cola larga... No, no seria capaz. No debo pensar en cosas tan desagradables, apenas acabo de regresar. El vestido no me queda mal, el blanco resalta el color de mi piel. Mis ojos oscuros en el espejo desaprueban lo que John eligió "especialmente" para mí. Recojo mi cabello rojizo en un peinado sencillo y retoco mi maquillaje. Abandono rapido mi habitación, sé que si me demoro un minuto más, subirá por mí y obtendré marcas en mi piel muy bien escondidas de la vista de las personas. Asi ha sido siempre. Observo la decoración del gran comedor, no le habia puesto un minimo de atencion al llegar. Blanco y dorado. Flores aquí y allá, música suave y... un maldito pastel de bodas de dos pisos. ¡Hijo de perra! Intento dar la vuelta para regresar a mi habitación pero, John me toma del brazo sin siquiera disimular amabilidad. Estoy en su entorno, rodeada de personas igual o peor que él. —¿Adónde crees que vas pequeña inútil? Sé que eres una chica inteligente ¿Verdad? Ahora, debes hacer lo que te diga, porque de lo contrario, sabes muy bien lo que te pasará. Aprieta mi brazo tan fuerte que, sé que después de cuatro años, aparecerán los primeros moretones. Mi vista se nubla con las lágrimas que no puedo evitar derramar. ¿Por qué no huí cuando aún podía? Volví porque no podía dejar la empresa que mi madre había construido en manos de esta bestia sin corazón. Por eso no escape... ¿Valía la pena? Claro que no, no después de lo que acaba de hacer conmigo. ¡Me hubiera quedado en Berlín! —Este anillo no fue un regalo de tu parte el día que me enviaste al extranjero. ¿Verdad? Él sonríe, la misma sonrisa oscura y cargada de malicia a la que me tiene acostumbrada. —¡Por supuesto que no fue un regalo de mi parte! Pacte tu compromiso mucho antes de que te vayas, esa joya en tu mano es el anillo de tu compromiso con Alexander Harrington. Alexander Harrington es el ser humano más vil y despiadado que pude conocer en mi vida. Sus padres son íntimos amigos de mi padrastro y tuve la desgracia de pasar tiempo con su hijo toda mi infancia y adolescencia. Busco con la mirada y encuentro a la familia Harrington en una de las esquinas, conversando como si nada. —¿Por qué él? No puedo creer que me hagas esto. ¿Qué clase de padre vende a su hija así nada más? Porque eso es lo que has hecho, venderme. Una carcajada de John basta para que todos los ojos del gran salón se posen sobre nosotros. La familia Harrington se acerca al notar mi presencia. Los padres de Alexander y él, sin apuro en su caminar. Despreocupado. Soberbio. De mirada altanera. ¡Lo detesto tanto! Me ha hecho la vida imposible todas las veces que estuvo cerca. —Nunca quise hijos propios. ¿Qué te hace pensar que te quiero como a una? Solo eres una fina pieza de mucho valor para salvar la empresa de la quiebra. Tú eres la condición que Alexander exigió para los millones que recibiré esta noche. Soy un maldito trueque. —No quiero hacerlo. Trato de que mi ritmo cardiaco se calme y mi respiración se normalice. —Me importa muy poco, no tienes opción. Ahora compórtate como sabes que debes hacerlo o te hare la vida un infierno si decides oponerte. Escucho con horror las palabras de John mientras Alexander se pare frente a nosotros, inexpresivo, con sus ojos recorriendo mi cuerpo de arriba abajo. La mueca que hace me confirma que no le agrado, nunca lo hice realmente. Mientras mi futuro esposo, es descrito por los recuerdos de mi mente como un hombre de arrogancia desenfrenada, cuya riqueza y poder solo son superados por su crueldad y desdén por los demás, me ignora. Mi padrastro habla de alianzas comerciales y deudas pendientes, pero todo lo que puedo escuchar son las cadenas que me atan a esta vida de miseria y tristeza. Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que estoy sola, rodeada de extraños que están dispuestos a venderme por un puñado de monedas de oro. El precio del silencio se ha vuelto más alto de lo que jamás hubiera imaginado, y sé que no hay escapatoria de esta prisión en la que me encuentro atrapada. Y así, mientras la habitación da vueltas a mí alrededor y las sombras se ciernen sobre mí, me enfrento a un futuro incierto lleno de promesas rotas y sueños de una libertad que no tendré.No pudieron evitar reírse. Porque, en el fondo, era verdad. Ellos eran la próxima generación de la Hermandad rusa.Alexander fue hospitalizado y se recuperó favorablemente. Ahora es un hombre distinto, más contenido, más consciente de lo que perdió. Vive por y para su hijo. Según él, no volverá a amar a nadie; se aferra al recuerdo de la mujer que tuvo y dejó ir.Declan le ofreció el lugar que había ocupado Thomas Lewis… y él aceptó. También forma parte de la organización Prescott, aunque Bárbara no es ingenua; sabe que su padre no da nada sin motivo, y que ese puesto también es una forma de mantenerlo bajo control.Todo era, de algún modo, lo que ella había esperado para su vida. Una familia. Un esposo que no necesitaba palabras para demostrarle cuánto la amaba. Hijos creciendo en un hogar que, aunque construido sobre un mundo peligroso, les daba algo que ella nunca tuvo de niña: estabilidad.Los años en los que su vida era una montaña rusa quedaron atrás. El peligro seguía ahí, siemp
“Estamos todos bien. Tu padre se ha quedado con tu hermano y nosotros ya vamos de regreso. Duerme un poco. Te veo en unas horas… Te amo, salvaje.”Estaba agotado. El cansancio le pesaba en los huesos, pero había algo más fuerte empujándolo hacia adelante: la necesidad de volver a casa, de ver a su mujer, de tener a su hijo en brazos. Amaba a Aiden tanto como a su madre, con la misma intensidad silenciosa, firme. Iba a darles una vida que valiera la pena, una vida protegida dentro de lo posible, aunque supiera que el peligro nunca desaparecería del todo. Aun así, lo haría. Siempre lo hacía.Bárbara sintió la vibración en sus manos antes de ver la pantalla. No había soltado el móvil en ningún momento. Lo abrió de inmediato. Era él. No había sorpresas en el contenido, ya lo sabía antes de leerlo, pero necesitaba verlo. Todos estaban a salvo. No hubo bajas. Ni rusos ni irlandeses.El aire salió de sus pulmones en un suspiro largo, profundo, como si recién entonces su cuerpo entendiera que
Declan dejó escapar una risa baja, contenida, mientras el eco de la tormenta seguía golpeando el lugar. A unos pasos, Alexander yacía boca abajo, atado de pies y manos, con una mordaza que le cortaba cualquier intento de sonido. Su cuerpo permanecía rígido, casi inmóvil, como si ya estuviera muerto, pero no lo estaba; respiraba apenas, el pecho subiendo y bajando con cuidado, intentando no provocar nada. Había visto demasiado. El ruso se había encargado de mostrárselo de cerca, obligándolo a observar cada movimiento, cada corte, cada grito ahogado del inglés mientras era despojado de todo. Y ahora lo entendía. Un solo error, un solo sonido fuera de lugar… y sería el siguiente.Tiene suerte de que su exesposa sea compasiva con él, porque Declan se muere por hacerlo pedazos.Nora Harrington ya estaba en camino a recoger a su hijo, y esta vez no habría margen para errores: tendría seguridad las veinticuatro horas, sin descuidos, sin grietas por donde pudiera volver a escapar.Cuando Iván
El aire volvió a sus pulmones de golpe. Sus ojos se llenaron de lágrimas, no por debilidad, sino por la presión acumulada que finalmente encontraba una grieta por donde salir; alivio y miedo mezclados, porque si todo iba según lo planeado… entonces estaban justo en el punto donde todo podía romperse.En el terreno irlandés, la operación alcanzaba su fase crítica. Las cargas explosivas detonaron en perfecta sincronía, una tras otra, cortando las rutas de escape con una precisión brutal. El estruendo desgarró la noche, un golpe seco que hizo vibrar el suelo y levantó tierra, hojas y fragmentos de madera en el aire helado. La onda expansiva se expandió entre los árboles, sacudiendo las copas oscuras, y casi de inmediato, como si hubieran estado esperando ese exacto segundo, los disparos de los francotiradores comenzaron a marcar el ritmo de la cacería, secos, medidos, imposibles de ignorar.Thomas no pudo resistirse a la tentación de un cargamento valuado en millones y, como era de esper
Último capítulo