Mundo de ficçãoIniciar sessãoLucia Bianchi escapaba de un infierno buscando a Dios. alexander russo era el diablo que la estaba esperando. Lucia la hija del hombre más despiadado de la mafia, comete el acto de rebeldía más peligroso de su vida le roba los libros de contabilidad a su padre, donde se esconden las rutas, los sobornos y los nombres de todo un imperio criminal. Con el hábito de novicia como su único escudo, se refugia en un convento, creyendo que el silencio de la iglesia la protegería del ruido de las balas. Pero en el mundo de la mafia, no hay santuario que sea invisible para alexander un hombre Frío, calculador y letal, alexander descubre que la novicia que se esconde tras los muros del convento es la pieza que necesita para consolidar su poder. Sin embargo, al encontrarlo, descubre que no es solo una víctima, sino una persona astuta que carga con un secreto capaz de hacer arder el país entero. La tensión entre la pureza y el pecado estalla cuando descubren la verdad más amarga: la traición no viene de afuera, sino de la propia familia de Alexander. Su tío, en alianza con el padre de Lucia , planea un golpe de estado financiado por una cuenta secreta de la cual lucia es la única llave. Tras una noche de entrega total donde las promesas se sellan en la piel, el pacto está hecho. Lucia le entrega su mundo a cambio de protección, y alexander jura quemar a cualquiera que intente arrebatar. Ahora, que una vez rezó por la paz, debe aprender a reinar entre el acero y la sangre al lado del hombre que despertó sus deseos más oscuros. ¿Hasta dónde serías capaz de llegar para proteger al hombre que te salvó de tu propio linaje?
Ler maisLucia
El eco de las campanas sonaba en aquel Convento de Santa Clara Suecia, siempre comenzaba antes de que el sol lograra trepar los muros de piedra gris. Para Lucia el silencio de la madrugada no era solo un vacío, sino que era un refugio al que podía tener paz ante su alma. Mientras sus compañeras mantenían la vista baja y los labios apretados en oración, él siempre encontraba belleza entre los pequeños detalles , como el olor a tierra mojada del jardín o el sonido rítmico de sus propias sandalias sobre el mármol frío. Lucia no era como las demás novicias había llegado allí buscando respuestas sobre la muerte de su madre pero también huyendo de su padre por lo cruel que había sido al tratar de venderla solo por obtener dinero y poder. Así que sin más remedio decidió entregar los hábitos sabiendo que así podría esconderse de su padre. A unos meses de tomar sus votos definitivos, su vida se limitaba a cuidar el herbolario y organizar la biblioteca de manuscritos antiguos, nada inusual le había pasado los días anteriores hasta que aquella tarde, el cielo se tiñó de un violeta denso, anunciando tormenta. me encontraba como todas las tardes en el jardín trasero, recogiendo las últimas flores de lavanda, cuando un sonido extraño rompió la calma del lugar. No fue el viento, ni un animal. Fue un golpe seco, seguido de un quejido ahogado justo al otro lado del muro que colindaba con el callejón viejo al que la mayoría de la gente caminaba, él se quedó paralizado al escuchar otro quejido más. El convento era territorio sagrado, un lugar donde el peligro no solía entrar. Pero movido por una curiosidad que la Madre Superiora siempre le reprochaba, se acercó a la pequeña puerta de madera reforzada que daba al exterior, una salida que nunca ocupaban y que por eso la madre superiora le había mandado a reforzar bien. Al abrirla apenas unos centímetros, el olor a incienso y flores que había olido antes fue reemplazado instantáneamente por un olor a metálico de la sangre y la pólvora. Allí, desplomado contra la piedra, estaba un hombre que parecía pertenecer a otro universo. Vestía un traje oscuro, ahora desgarrado, y sus manos grandes marcadas por cicatrices y tatuajes presionaban una herida en su costado.Cuando él levantó la vista, no vio a un pecador, sino a alguien que se aferraba a la vida con una desesperación aterradora. Ayuda—susurró él, antes de que sus ojos se cerraran y su cabeza cayera pesadamente contra el suelo. sintió un vuelco tan grande en el estómago como en el corazón. Sabía que al cruzar ese umbral con un extraño hombre de aspecto tan peligroso significaba romper todas las reglas sagradas del convento y más si la madre superiora se entera. Pero su instinto de compasión fue más fuerte que el miedo al su propio castigo que le fuera a dar. La adrenalina le dio una fuerza que no sabía que tenía. Aprovechando que la tormenta empezaba a descargar las primeras gotas gruesas y el ruido de la lluvia camuflaba su movimiento, Lucia se agacho frente al hombre y revisó su heridas, lo tomó al hombre por los hombros e intento pararlo él soltó un gruñido de dolor, pero estaba lo suficientemente inconsciente como para no oponer resistencia. Así que volvió a tomarlo con más fuerza con un esfuerzo titánico lo arrastró centímetro a centímetro hacia el interior del recinto, dejando una estela roja de sangre que la lluvia se encargó de borrar rápidamente. No lo llevó hacia los dormitorios, sería demasiado arriesgado. así que lo dirigió hacia el sótano de herramientas, una habitación húmeda y olvidada debajo del viejo campanario que solo yo solía visitar para buscar palas o semillas. Una vez dentro, corrió a cerrar la pesada puerta de madera con el cerrojo de hierro. El lugar olía a tierra y madera vieja pero no le importaba así que con manos temblorosas encendió una pequeña vela necesitaba revisarlo, ver qué tan grave era la herida que tenía pero la luz reveló algo que no esperaba ver. El hombre era joven de unos veinticinco o treinta tenía facciones duras y una mandíbula marcada. Su reloj de oro y piel de cuero, algo costoso al igual sus zapatos gritaban "poder", pero la palidez de su rostro gritaba "muerte" al igual que “peligro”. rompió parte de su propio hábito de la parte de abajo para improvisar un vendaje y detener la hemorragia del costado de pronto, las campanas del convento empezaron a sonar, un sobre salto di,era señal para el rezo de vísperas. ¡Ding, dong!, ¡Din,dong Lucia dio un salto necesitaba presentarse en la capilla en cinco minutos si no la Madre Superiora enviaría a alguien a buscarlo y se metería en un lío grande así que cuando intentó pararse justo en ese momento, el hombre abrió los ojos. Eran oscuros, intensos y estaban cargados de una confusión violenta. Antes de que él pudiera reaccionar, la tomó firmemente de su muñeca. ¿Dónde estoy?—preguntó con voz ronca, intentando levantarse pero fallando por la debilidad. sentí una descarga eléctrica al sentir los dedos de aquel hombre rodeando mi muñeca. El contacto fue áspero y caliente, un contraste violento con la frialdad de los muros del convento sentía como mi corazón latía con tanta fuerza que temía que él pudiera escucharlo. Estás en el Convento de Santa Clara —susurre con la voz entrecortado tratando de no retirar su mano bruscamente para no lastimarlo— Estás a salvo de... de quien sea que te perseguía. Pero si te encuentran aquí, ambos estaremos en problemas. Él me soltó la mano lentamente, sus ojos oscuros recorriendo el hábito gris que traía puesto y las vigas de madera del techo. Parecía no dar crédito a que una persona como ella lo hubiera salvado ¿Un convento?—murmuró él con una sonrisa amarga y cínica que se desdibujó por un gesto de dolor—El último lugar donde Dios me buscaría—dijo,pero Lucia se dio cuenta que al notar que él intentaba moverse, vio el brillo frío de una pistola metálica asomando por debajo de su chaqueta de cuero. El miedo le subió por la garganta, pero antes de salir, su instinto de protección y de supervivencia fue más rápido y Sin pedir permiso metió la mano en la chaqueta de él y con dos dedos sacó el arma con cuidado, como si fuera una serpiente venenosa al que cualquier movimiento atacaría y envenena. Esto no pertenece a la casa de Dios —dijo con firmeza, aunque sus manos temblaban—. La guardaré en este saco de semillas de girasol. Estará segura ahí— Él quiso protestar, pero la debilidad lo venció de nuevo. Me levanté con cuidado, limpiando sus manos manchadas de sangre con aquel trapo que ocupaba para cuándo sembraba en mi huerto de verduras,me ajustó el delantal, mi velo. Quédate quieto y no te muevas las campanas ya llamaron a vísperas, necesito presentarme porque si no me ven en mi sitio, la Madre Superiora vendrá a buscarme. Volveré cuando termine el rezo con medicinas y algo de comida. No hagas ni un solo ruido _ veo como me queda mirando para luego cerrar los ojos. yo sin esperar más tiempo avanzo con pasos rápido a la capilla donde al entrar la madre superiora me queda mirando. Al llegar a la capilla el ambiente se sentía muy asfixiante. Mientras que las demás monjas cantaban con una paz envidiable, yo sentía que las paredes se me cerraban sobre mi. la madre superiora no me quitaba la vista de encima y más nerviosa Al terminar el último rezo de las hermanas, Sor Úrsula se llama la Madre Superiora era una mujer con una mirada severa y pasos silenciosos no se dirigió como siempre al refectorio como era costumbre sino que se plantó justo en el pasillo bloqueando mi camino. Lucia—dijo con una voz que cortaba como el hielo—¿Adonde estabas?porque llegas tarde, estás empapada y tienes una mancha oscura en el dobladillo de tu hábito E.... estaba haciendo una labor sor Úrsula— sentía como los nervios me traicionaron y era algo que no quería que se notará. ¿Se puede saber qué labor era tan urgente para que estuvieras en el jardín bajo esta tormenta?— me dijo señalándome, sentí que el sudor frío me recorría la espalda. Mis manos ocultas tras mi espalda temblaban por haber sujetado un arma minutos antes. Madre yo me distraje asegurando las plantas de lavanda ya ve que esas plantas son especiales—tuve que mentir, baje la mirada para evitar que Sor Úrsula leyera mi culpa tras mis ojos—El viento era muy fuerte y perdí la noción del tiempo. "La Madre Superiora se deslizó hacia mí, olfateando el aire con una intensidad inhumana. El rastro sutil de pólvora, hierro y acero la había alertado; en este lugar, el más mínimo aroma a metal era el preludio de un peligro silencioso." Mis dedos rozaron instintivamente el frío donde había tocado acero, una descarga eléctrica que me recordó por qué estaba allí. Ella se detuvo a escasos centímetros, era una estatua de hábitos negros cuya sola presencia parecía oxidar el aire. No hablaba, pero su mirada era un juicio de metal que ya me había condenadoAlexander se desabrochó la camisa en silencio, dejando que su hermana examinara la carne abierta. Alexa trabajó con rapidez quirúrgica, limpiando la sangre que manchaba su piel antes de comenzar a suturar de nuevo. El rictus de Alexander no cambió, aunque sus nudillos se tornaron blancos al aferrarse al borde de la camilla. En cuanto ella terminó de ajustar el vendaje, la puerta se abrió de golpe, era Elías. Venía jadeando, con el rostro sudado y la mirada fija en el exterior.—¡Tenemos que largarnos ya! —soltó Elías, sin aliento—. Hay demasiado movimiento en el perímetro. camionetas negras rodeando la zona... no son de las nuestras. Si no nos movemos en tres minutos, nos van a encerrar aquí como a ratas. Alexa intercambió una mirada rápida con su hermano mientras guardaba el instrumental en su maletín—Prepara a los hombres Elías. Nos movemos a Italia —ordenó Alexander. Se puso de pie con un movimiento fluido a pesar de los puntos reci
Elías llegó derrapando, con los faros de la camioneta rajando la niebla. Al bajar, se le heló la sangre: Alexander y Lucía estaban entrelazados en el suelo, heridos, manchando la tierra con un solo charco de sangre espesa.¡Señor! ¡Lucía! —gritó Elías, corriendo hacia ellos!¡A la camioneta! ¡Muévase! —rugió Alexander mientras acomodaba a Lucía en el asiento con una delicadeza que contrastaba con su rabia. Antes de cerrar la puerta, señaló con desprecio a Vargas, que gemía en el suelo—A ese animal... súbelo. Que no muera todavía esa rata aún tiene mucho que cantarElías arrojó la mochila con los libros y la cámara al asiento del copiloto y hundió el pedal. Los neumáticos chirriaron dejando atrás una nube de polvo y grava. Dentro, el silencio se volvió denso, solo roto por la respiración agitada de Lucía,sus manos, antes firmes, ahora estaban empapadas de un rojo intenso¡Mantente despierta, Lucía! ¡No cierres los ojos! —ordenó Alexander, con la vo
Valeriano colgó,el silencio pesaba como plomo. Miró el hueco en el estante,recordando los libros con los que podían destruirlos.De pronto, estalló. Con velocidad animal, estampó a Emiliano contra la pared, haciendo vibrar los cuadros de la oficina Bajo tu nariz, Emiliano— siseó Valeriano, a centímetros de su rostro— ¡Dices que buscaba "tarea" y la dejas salir como si esto fuera una biblioteca pública! ¿Eres imbécil o estás de su lado? ¡Yo no sabía que Mario la dejaría pasar!—balbuceó Emiliano ante la furia de su jefe—Ella siempre entra aquí. Valeriano lo empujó con asco y revisó la estantería: faltaban las pruebas, no los libros. El misterio de su huida cobró un sentido aterrador: Lucía no jugaba a la escuela, estaba robando su poder. Salió del despacho hacia el pasillo principal, donde sus hombres se estaban alistando para salir, La atmósfera se volvió eléctrica, cargada de un peligro inminente.
Valeriano irrumpió en su despacho con la impaciencia de quien acaba de bajar de un vuelo y no tiene tiempo para cometer errores. Arrojó su maletín sobre el escritorio y, sin quitarse siquiera el abrigo, extrajo el pesado libro de cuero de su escondite secreto con un movimiento brusco y familiar. Se desplomó en la silla, emanando una autoridad que hacía que el aire en la habitación se sintiera más pesado. Mañana llega la carga y quiero que todo esté en orden Mario —gruñó, su voz era un látigo de frialdad. Abrió el libro con un golpe seco por la pestaña marcada como 'Cargas'. Pero, al bajar la vista para verificar las rutas y los cobros de protección, su rostro se transformó. El ceño se le frunció con una fuerza violenta y sus dedos se tensaron sobre el papel amarillento. Algo no cuadraba. El silencio que siguió fue el preludio de una tormenta; alguien había cometido un error, y Valeriano no era hombre de perdones." Donde deberían estar
No hagas esto más difícil. —grito Vargas—Si sales ahora, quizás sea clemente. ¡Registren cada centímetro de estas malditas rocas!— Lucía se pegó tanto a la pared de piedra que sintió el frío calarle los huesos, viendo cómo el haz de una linterna pasaba a milímetros de sus pies descalzos Alexander... —susurro apenas con un hilo de voz—No puedo salir por donde bajé. Pero hay algo aquí... detrás de mí, en la grieta. Hay una entrada, una especie de cueva vieja, está cubierta de raíces secas y musgo. En la base Alexander se inclinó sobre la pantalla mirando la imagen que Lucia le mostraba mientras Alexa desde el mapa táctico desde la computadora comparaba la imagen del dron con los registros antiguos del terreno y ahí fue cuando sus ojos brillaron. Alexander — dijo volteando a ver a su hermana alexa_esa debe ser la "Mina de las Sombras" —dijo Alexa, con una mezcla de sorpresa y esperanza—. Es un antiguo paso que ha colapsado hace décadas, si aún no me equivo
"La silueta de Emiliano recortaba el horizonte con una rectitud militar. Lucía se detuvo en seco, el corazón martillándole las costillas. No debería estar ahí. A menos que... la haya reconocido Alexander. ¿Había sido él quien le dio la pista? La sospecha era tan peligrosa como el enemigo que tenían enfrente." No... es imposible que me haya reconocido —susurró para sí misma, con la voz quebrada por el miedo así que tenía que seguir adelante y no podía dejarse agarrar.Me pegué contra la fría pared de piedra, conteniendo el aliento mientras los haces de luz de las linternas barrían frenéticamente las ventanas del convento. Me imaginé el terror de Sor Úrsula y las demás monjas y sentí cómo el pánico amenazaba con paralizarme las piernas. Entonces, como un rayo de luz en medio de la oscuridad, la nota de Alexander resonó en mi mente: 'Demostraste poder caminar en el mundo del demonio'. Si sobreviví a eso, este infierno será pan comido. Enderecé la espalda y me prepar
Último capítulo