Siento un nudo en el estómago y pongo mis manos sobre mi vientre, tratando de calmar el latido acelerado. Peter nota el movimiento y frunce el ceño, entendiéndolo. — Estamos listos —digo, sin apartar la mirada de la carretera. —Ya veo —responde en un hilo de voz. Acelera, empujando el pedal con decisión—. No te preocupes, en poco tiempo llegaremos. El motor ruge, el paisaje cambia, y me deshago de todas mis cargas abandonándolas más allá del camino rural. No sé qué me espera, ni a donde me dirijo con exactitud, lo que si se, es que mi hijo y yo podemos tener una nueva vida, lejos del veneno, de las mentiras y de las traiciones. Una hora más tarde, un impresionante helicóptero de lujo nos espera a un lado de la carretera. Sus aspas, inmóviles, pueden pasar como las alas de un ángel salvador en este momento. El auto se detiene a un lado de la carretera, donde no hay tráfico ni miradas curiosas. Apenas bajo, el viento del campo me golpea con fuerza, levantando el polvo y obl
Leer más