Hace una pequeña pausa y su mirada se afila, como si estuviera descifrando algo en mí. No le respondo.
—Sé que no me conoces, pero puedes confiar en mí, Bárbara. No soy solo un payaso sexy que sirve para hacerte reír o hacer de guía turístico entre vacas y campos verdes. También puedo escucharte y acompañarte, cada vez que lo necesites.
Sus palabras son reconfortantes, y sé que puedo confiar en él; lo supe desde el momento en que me subí al auto equivocado. Por eso no hice un escándalo para q