Sus ojos azules tomaron un brillo muy bonito, soñador y jovial.
—Tu madre vino a Irlanda de vacaciones, y un día, los dioses me sonrieron cuando su auto se descompuso frente a mi casa. Teníamos veinte años cada uno —dice sin perder la sonrisa—. Ella era la hija de un empresario que recién cirugía en el mundo de los negocios en Londres y yo... era el siguiente heredero del imperio Prescott. Éramos diferentes en todas las formas posibles, pero nos enamoramos de inmediato. Fue mágico, intenso y ve