“Estamos todos bien. Tu padre se ha quedado con tu hermano y nosotros ya vamos de regreso. Duerme un poco. Te veo en unas horas… Te amo, salvaje.”
Estaba agotado. El cansancio le pesaba en los huesos, pero había algo más fuerte empujándolo hacia adelante: la necesidad de volver a casa, de ver a su mujer, de tener a su hijo en brazos. Amaba a Aiden tanto como a su madre, con la misma intensidad silenciosa, firme. Iba a darles una vida que valiera la pena, una vida protegida dentro de lo posible,