Abre la puerta de su lado y luego rodea el vehículo para abrir la mía y me ayuda a bajar. Es todo un caballero, recuerdo cuando Alexander me llevó a nuestra casa el día que nos casamos y me dejó abandonada afuera.
Deja de pensar en ese cabrón. Me regaño a mí misma, reprendiéndome por pensar en cosas que tienen que quedar en el pasado.
—Lista. —Miento, estoy aterrada.
Caminamos unos pasos y la gran puerta de madera de la entrada se abre para nosotros. Una mujer de unos setenta años nos recibe y