Mundo ficciónIniciar sesiónIlein Valentino ha construido su sueño de diseñadora con esfuerzo y sacrificio: en Caracas, donde la pobreza era su única herencia, se apoyó en libros prestados y su innata habilidad para dar forma a belleza desde lo sencillo. Cuando una beca completa en el prestigioso Textil Moretti la traslada a Milán, cree que su talento finalmente recibirá el reconocimiento que merece —un futuro donde su ingenio brillará libre de las cadenas de su origen. Pero la oportunidad que cambia su vida es solo la puerta de entrada a un universo donde la elegancia de la alta costura camina a la par de la sombra implacable de la mafia, que mueve los hilos del mundo de la moda italiana. Su camino se cruza con un hombre cuyo poder es absoluto y cuyo deseo por ella no conoce límites. Entre ellos surge una pasión que es tanto un fuego purificador como un torrente destructivo —un amor dominante, violento y peligroso que pretende poseerla por completo. A medida que los oscuros secretos de la familia Moretti salen a la luz, Ilein se ve atrapada entre el objetivo que siempre persiguió y un deseo que amenaza con consumirla. Caracas le enseñó a luchar con escasos recursos; ahora Milán le revela que el lujo puede ser la cárcel más cruel... y el placer más adictivo que jamás haya conocido. ¿Podrá Ilein salvar su sueño sin perder la batalla por su libertad y su corazón?
Leer másVen conmigo, por favor», dijo Joana Zegna de Moretti en italiano impecable, extendiendo una mano hacia ella. La llevó a un rincón tranquilo del salón, alejado del bullicio de estudiantes y jueces.
«Ilein, tu creatividad es única», dijo Joana, su voz suave pero firme, como si hablara de algo que no admitiera discusión. «He visto muchos trabajos en estos años, pero los tuyos tienen algo especial —un alma, una conexión con las raíces que muchos olvidan».Se acercó un poco más para continuar: «Tienes futuro en el mundo de la moda, pero debes buscar la oportunidad.
Y hoy es tu día de suerte —te ofrezco una beca con trabajo para lograr tus sueños en Milán».
Ilein no pudo evitar abrir la boca de sorpresa; no lograba articular ni una palabra. Joana sonrió, entendiendo su reacción.
«El propósito es aprovechar tus habilidades mediante el trabajo de campo en Textil Moretti —tendrás que crear colecciones que unan la tradición italiana con nuevas perspectivas internacionales», explicó Joana, y su voz se volvió más seria al mirarla a los ojos. «Nos encargaremos de tu remuneración y vivienda, pero nada es gratis: será de dedicación exclusiva durante dos años. No podrás abandonar el trabajo antes del plazo establecido, y deberás respetar las reglas de la empresa. Si aceptas, coordinaré con la universidad para que termines tu trabajo de grado de forma virtual».
La noticia le cayó como un rayo en medio de un día soleado. Su sueño de ser diseñadora en Italia —que llevaba desde niña, cuando su abuela le contaba historias de su tierra natal— se hacía realidad. En ese momento, se tocó el mentón —un gesto que hacía al pensar con intensidad—, y la única pregunta que le cruzó por la cabeza fue: ¿podría una chica de raíces humildes, que había aprendido a coser en la máquina antigua de su madre, enfrentarse a un mundo tan distinto, donde el lujo y la elegancia eran la norma?
A pesar de la sorpresa, aceptó sin dudar, asintiendo con la cabeza mientras las lágrimas de emoción recorrían sus mejillas. Pero en los días que siguieron, la duda creció en su interior como una planta silvestre, ocupando cada rincón de su mente. ¿Estaba realmente preparada para dejar su país, sus costumbres, su familia? ¿Cómo podría sobrevivir en una ciudad donde ni siquiera conocía el idioma con fluidez?
Su familia era sencilla pero unida como pocas: su madre, maestra de primaria que llegaba cansada pero siempre dispuesta a escucharla; su padre, asistente administrativo que nunca tuvo mucho dinero pero siempre encontró la forma de comprarle los materiales que necesitaba; y su hermana menor Susy, su terapista personal y mejor amiga.
Cuando les contó la noticia, sus padres no estuvieron de acuerdo. Su madre se puso blanca como un papel, temiendo por su seguridad en un país lejano, mientras su padre fruncía el ceño, dudando de la veracidad de la propuesta.
—No conozco a esta mujer, Ilein —dijo él, sentándose en la mesa de la cocina mientras revolvía su café con la cuchara—. ¿Cómo sabemos que no es una e****a? ¿Qué pasará si te quedas sola allí, sin nadie que te apoye?
Susy, en cambio, la miró con ojos brillantes de emoción y orgullo, aunque en su mirada también se notaba el miedo a perderla. Para Ilein, sin embargo, la beca era la única forma de cruzar el muro de rutina y limitaciones que le cerraba el camino —el mismo que había atrapado a tantas personas en su barrio, condenándolas a vivir igual que sus padre
Las luces de los coches iluminaron el camino de tierra que llevaba hasta la carretera principal. Ilein abrazó a Joana con fuerza, mientras Julliano estrechaba las manos de Victorino entre las suyas, su rostro pequeño pero serio.—Volveremos en dos semanas, abuela —dijo Julliano, con voz clara y firme—. Prometo que traeré mis nuevos dibujos para que los veas.Joana, la abuela de Julliano, le acarició la cabeza con ternura: "Mi amor, la finca siempre estará esperándote. Tu cuarto seguirá igual, con todos tus juguetes en su lugar".Victorino, el padre de Máximo, tomó la mano del niño: "Tú eres un Moretti de verdad, nieto. Nunca lo olvides, aunque por ahora tus documentos digan Bianchi. Pronto cambiarán, y llevarás el nombre que te corresponde". Julliano asintió con una sonrisa amplia.El convoy se dividió en dos grupos: el resto de la familia se dirigía directamente a la mansión Moretti, mientras Ilein, Máximo y Julliano tomaban el camino hacia el apartamento en el centro de Milán. El vi
Ilein encontró a Máximo en el jardín trasero de la finca, cerca del pequeño invernadero donde Joana solía cultivar flores aromáticas. La luz del atardecer bañaba el espacio con tonos dorados, el aire estaba fresco y limpio, y solo se oía el suave crujir de las ramas de los naranjos cuando la brisa pasaba.Se acercó despacio y se apoyó en el listón de madera que separaba el césped del camino de tierra. Máximo la miró y sonrió con calidez, extendiendo una mano para tenderle la suya como una invitación a sentarse junto a él en el banco de piedra que había allí.—Estaba aquí pensando en ustedes —dijo él, estrechando su mano con cariño—. Sé que has estado tomando decisiones importantes, así que quiero escucharte con todo la atención que te mereces.—Sí, Máximo —empezó ella, mirándolo directamente a los ojos—. He tomado todas mis decisiones, y ahora es momento de decirte la verdad: ya no puedo seguir diciéndole a Julliano que eres su tío. Tú eres su verdadero padre, y él tiene derecho a sab
El comedor de la finca estaba ordenado y acogedor, con mantas de encaje sobre la mesa y jarrones con flores silvestres. Ilein se sentó frente a las mujeres que la rodeaban con miradas atentas y comprensivas.—Ya lo he pensado mil veces —dijo ella, con voz firme aunque en sus ojos se notaba la emoción—. Julliano tiene derecho a saber quién es su verdadero padre. No puedo seguir ocultándoselo para siempre. Luca me entenderá, él siempre ha dicho que el niño debería conocer sus raíces.Camila apoyó su mano sobre la de ella: "Lo sé, Ilein. Hemos hablado de esto antes, y siempre te he apoyado. Máximo también lo espera hace tiempo – nunca dejó de pensar en ustedes".Isabella asintió, con voz suave: "Marcelo y yo estamos listos para ayudar en todo lo que necesiten. El taller textil puede abrir una sucursal en Milán sin problemas, ya teníamos planes de expandirnos por allí".Susy sonrió con calidez: "Y nosotros nos encargaremos de que la adaptación sea lo más sencilla posible para el niño. Las
El humo de los cigarros cubría la estancia de madera oscura del sótano de un edificio entre calles estrechas del centro de Milán. Las paredes estaban revestidas de ladrillos expuestos y retratos enmarcados de antiguos jefes de la familia Conti, sus miradas severas vigilando cada movimiento de quienes ocupaban los sillones de cuero negro.Alejandro Conti se apoyaba en el escritorio principal, sus dedos largos y finos jugando con un revólver desmontado mientras escuchaba el informe de sus hombres. Tenía cuarenta y pocos años, el cabello oscuro salpicado de canas a los lados, y una cicatriz que cruzaba su mejilla izquierda – un recuerdo de una pelea en sus días de joven soldado de la mafia.—Los Moretti han ido perdiendo terreno cada día más —dijo Rocco, su mano derecha, inclinándose hacia adelante con la voz baja—. El taller textil ahora exporta legalmente a cinco países, el restaurante tiene licencias oficiales, incluso la discoteca Inferno funciona con papeles en regla. Han abandonado
El sol de la mañana filtraba su luz entre los cristales del invernadero, calentando el aire húmedo que olía a tierra fértil y flores en flor. Máximo se apoyaba en la barandilla de madera que separaba los bancales de rosas rojas, sus manos hundidas en los bolsillos del pantalón mientras la humedad del suelo le llegaba hasta los pies descalzos.Mientras en el salón principal de la casa se escuchaban las risas de Julliano, los voces de Joana y Victorino, y el murmullo de Marcelo contando alguna anécdota de negocios, él había buscado este rincón solitario para pensar en lo que había sucedido horas antes. Necesitaba un tiempo a solas, espacio para ordenar sus pensamientos y decidir cómo terminaría de convencer a Ilein de que no volviera a Francia – de que aquí, en la finca, con él y con Julliano, era donde realmente pertenecía.Sus dedos rozaron las hojas suaves de una rosa blanca mientras la memoria de la noche anterior llegaba a él con toda su intensidad. Ilein tiene una belleza rotunda
El sol aún apenas rozaba los tejados de la casa de campo cuando Julliano irrumpió en la habitación de Ilein y Máximo, con los ojos brillantes de emoción y los pies descalzos sobre la alfombra. Vestía pantalones cortos y una camiseta de colores claros que Margarita le había preparado la noche anterior.—¡Ya es hora! ¡El abuelo Victorino dijo que los peces están más hambrientos temprano! —gritó el niño, saltando un poco sobre la cama mientras sus padres se despertaban entre sonrisas y bostezos—. ¿Ya están listos los anzuelos, tío Max?Ilein se sentó en la orilla de la cama, acariciando el pelo de Julliano con ternura: "Tranquilo, pequeño. Primero desayunemos bien, ¿vale? Tu abuela Joana está haciendo panqueques con miel y canela, como te gusta".Máximo se levantó despacio, aunque aún le quedaba sueño en los ojos, y fue a abrir la ventana – el aire fresco de la mañana traía consigo el aroma a café recién hecho y a hierbas del huerto. "Vamos, Julliano —dijo él, cogiendo las cañas de pesca
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