El humo de su cigarrillo se disipó en la noche, y Máximo arrojó el colilla al suelo, pisándolo con fuerza hasta que quedó reducido a cenizas. Su decisión estaba sellada: no eliminaría a Ilein, pero tampoco la dejaría acercarse demasiado a los secretos de la familia. Solo la deseaba, y su plan era claro: saciar sus instintos más bajos, disfrutarla y luego abandonarla antes de que pudiera hacer daño. Mientras caminaba hacia el Edificio Moretti, su corazón latía con una mezcla de deseo y ansiedad.