El aroma de pan recién hecho y hierbas frescas todavía envolvía el restaurante «La Famiglia», pero Ilein ya no podía percibirlo. Su mente estaba atrapada en un torbellino de emociones, sus ojos fijos en la mesa privada donde Máximo permanecía sentado. A su lado, una rubia de labios carminados se reía con exageración, intentando captar su atención con tocamientos constantes en su brazo. Cada risa de la mujer resonaba en el pecho de Ilein como un eco hiriente. Se levantó de golpe, dejando a Camil