El amanecer llegó frío y despiadado, filtrándose a través de las cortinas de seda color perla que ahora estaban arrugadas y caídas a un lado. Ilein despertó sola en la cama, el lugar donde Máximo había estado horas antes ya vacío como un eco de su ausencia. No había dejado ninguna nota, ni una palabra de despedida —solo el recuerdo de su voz diciendo «Olvida todo» antes de cerrar la puerta por última vez esa madrugada. La habitación, aún impregnada de su aroma a cuero, tabaco y un toque de vain