Bajo la luna que bañaba las calles de Milán con su luz plateada, el trayecto de regreso al Edificio Moretti fue un alivio para Ilein. Salvatore mantenía la velocidad constante del coche, esquivando los baches que marcaban la acera y las pocas calles aún transitadas a esa hora. A cada kilómetro, las luces de la ciudad se iban apagando poco a poco, dejando solo las farolas y los letreros de neón que iluminaban el camino con colores vibrantes. Ilein se sintió envuelta en una mezcla de emoción y an