Las luces del aeropuerto de Milán Malpensa iluminaban el pasillo de embarque mientras Leonardo Moretti ajustaba su mochila. A su lado, Rocco y Andrea, dos de sus hombres más confiables, mantenían la vista alerta, escaneando a cada persona que pasaba. Habían viajado con documentos falsos, haciéndose pasar por técnicos de ciberseguridad contratados para solucionar un problema en una empresa local de Nápoles. Nadie podía saber que en realidad iban a neutralizar a uno de los hombres más peligrosos