Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl destino teje una red, la obsesión la aprieta. Salvatore De Luca, un mafioso italiano, ha pasado su vida anhelando a la mujer que una vidente ciega le prometió. Años de búsqueda se resuelven cuando encuentra a Adalyn Winters, una pintora extranjera, cuyo rostro lo persigue incluso despierto. Cuando el destino parece rehusarse a un encuentro casual, Salvatore toma la decisión que lo cambiará todo: secuestrarla. En medio de la mafia y bajo el peso de secretos del pasado, la desconfianza inicial se transforma en una conexión innegable. ¿Es posible que el amor prospere cuando el carcelero es un hombre marcado por la oscuridad y la jaula está hecha de sueños?
Ler maisDurante dos días, Elena estuvo junto con Adalyn. Al principio le costó mucho que confiara en ella, pero poco a poco le dejó en evidencia que no estaba allí para hacerle daño, quería ayudarla. Aun la mujer de cabellera un tanto canosa intentaba buscar una respuesta a sus preguntas, más que todo la razón del porqué Salvatore había secuestrado a Adalyn. Incluso le llegó a preguntar a Alessandro, pero de igual manera no le supo responder.Elena observó cómo Adalyn por fin había tenido la confianza de comer más de la cuenta, sin embargo, notaba sus ojeras y su expresión cansada. Un suspiro salió de sus labios mientras se acercaba hacia la joven pintora por detrás para cepillarle su cabellera mojada, ya que le había insistido en que tomara un baño caliente.—¿Quieres que te traiga algo más de comer? —preguntó Elena con curiosidad, sin embargo, Adalyn negó suavemente con su cabeza mientras comía con lentitud.—Yo quisiera otra cosa… —mencionó con un tono bajo, pero no se refería a comida. —Qu
En medio de la madrugada, Alessandro había llegado a la mansión con su grupo de hombres, estaban listos para terminar con la labor. Pero antes de que uno de ellos pudiera cargar a Adalyn para llevársela a la habitación, de la nada Salvatore había aparecido en medio de las sombras, asustando a dos de ellos. De Luca se mantuvo en completo silencio observándola fijamente con una calma que para sus peones era aterradora ante lo inexpresivo que podía llegar a ser. Sin embargo, Salvatore solo se encontraba admirándola a su manera.Era la primera vez que la tenía tan cerca, que su corazón latía con rapidez, incluso el simple hecho de saber que la iba a cargar le provocaba cierto sentimiento en su interior. Alessandro lo miraba con atención, notando cómo las manos de su jefe habían llegado a temblar un poco y cómo su mirada se había suavizado en cuanto vio a la pintora, aquello le llamó la atención.—Lleven sus pertenencias a la habitación, yo me ocuparé de ella —ordenó sin titubear.Sus ojos
La joven pintora observó cómo poco a poco aquel bar se llenaba con los minutos, era el inicio de fin de semana y mucha gente comenzaba a aprovechar de salir a divertirse. Adalyn, aunque muchas veces le gustaba salir acompañada, en esa ocasión no pudo evitar sentirse un poco abrumada ante la cantidad de gente. Sin embargo, permaneció en silencio mientras su amiga Vicky seguía charlando con el grupo de amigos junto con su prometido.Sus mejillas estaban ligeramente teñidas de un leve rosa ante las bebidas alcohólicas que había estado tomando en el transcurso de la noche. Adalyn solo en pocas ocasiones comentaba algo. Ella más bien era más de escuchar cuando se trataba de grupos grandes, sin embargo, había alguien en el grupo que no paraba de mirar a Adalyn. Y es que Enzo también se encontraba en el grupo, pero cada cierto rato su mirada se desviaba hacia la joven de cabello cobrizo.—¿Crees que mañana podríamos salir? A solas, sin Vicky —preguntó con una sonrisa de lado, inclinándose ha
Una expresión de total diversión se encontraba en el rostro de Alessandro, al ver cómo Salvatore lo miraba con total incredulidad. Y es que el mafioso no se había imaginado que su mano derecha estuviera justo cuando quería intentar acercarse a Adalyn como persona normal. En cambio, Alessandro solo estaba allí para vigilar a su propio jefe y que no metiera alguna excusa para no poder asistir a la reunión con Ciro.—¿Acaso te invité a que vinieras conmigo? —preguntó Salvatore con notable molestia mientras se arreglaba el saco de su traje por tercera vez.—Iré para asegurarme de que vayas a la reunión con Ciro, solo estaré en la distancia observando. No te molestaré si es lo que crees —respondió por fin con la misma expresión de antes.—No soy un niño para que estés al pendiente de mí, Alessandro. Ya te di mi palabra de que iría a la reunión una vez que haya terminado. —Aunque Salvatore aseguraba que iría, muy en el fondo estaba inseguro al no saber qué pasaría una vez que se acercara a
Último capítulo