Máximo necesitaba urgentemente recuperar el control, reafirmar su poder, demostrarle a todo el mundo que seguía siendo el amo de Milán. El encuentro con Ilein y Salvatore en el restaurante había sido un golpe bajo el cinturón, una humillación que no podía permitir que pasara desapercibida. La rabia burbujeaba dentro de él como un volcán a punto de estallar. Cada paso que daba hacia su coche era una mezcla de frustración y determinación, arrastrando a Carla tras de sí como si fuera un objeto más