Mundo ficciónIniciar sesiónValentina recibe un mensaje anónimo que dice: “Tu nombre está en el spam”. Ese mismo día entra a trabajar como asistente del hombre más poderoso y temido de la ciudad, sin saber que él es quien envió el mensaje. Lo que empieza como odio puro se convierte en una atracción peligrosa… y en un contrato de matrimonio que ninguno de los dos podrá romper.
Leer másValentina sintió que el suelo se movía bajo sus pies. Las palabras de Marco seguían resonando en su cabeza como un eco sin fin.—¿Mi hermano? —repitió, casi sin voz—. Eso no es posible. Mi padre nunca mencionó que tuviera otro hijo.Alessandro seguía sosteniendo su mano con fuerza, como si temiera que ella pudiera desvanecerse en cualquier momento. Su expresión era una mezcla de preocupación y furia contenida.—Marco, déjanos solos —ordenó sin apartar la mirada de Valentina.El jefe de seguridad salió de la biblioteca y cerró la puerta. El silencio que quedó fue tan pesado que Valentina sentía que la estaba aplastando.—Dime todo lo que sabes —exigió ella, soltando la mano de Alessandro—. No me ocultes nada más.Alessandro se pasó una mano por el cabello, frustrado.—Se llama Diego Montenegro. Tiene 32 años. Nació antes de que tu padre conociera a tu madre. Tu padre lo mantuvo en secreto toda su vida. Lo envió a estudiar fuera del país y le dio una vida cómoda… pero nunca lo reconoció
Valentina abrió los ojos cuando los primeros rayos de sol entraron por las cortinas. Le tomó varios segundos recordar dónde estaba. La enorme cama, las sábanas de seda negra, el olor a perfume caro que flotaba en el aire… Todo le recordó que ya no estaba en su pequeño apartamento.Estaba en la mansión de Alessandro Valtieri.Y ahora era su esposa.Se sentó lentamente en la cama. La habitación estaba en completo silencio. Alessandro no estaba. La almohada a su lado seguía perfectamente acomodada, como si nadie hubiera dormido allí. Solo quedaba el leve aroma de su colonia en el aire.Valentina bajó de la cama y se puso la bata de seda que alguien había dejado cuidadosamente doblada sobre una silla. Caminó descalza hasta el balcón y abrió las puertas.La vista era impresionante. El jardín se extendía hasta donde alcanzaba la vista, con una piscina infinita que parecía fundirse con el horizonte. Todo era perfecto, lujoso… y frío.De repente escuchó la puerta de la habitación abrirse detr
La mansión estaba completamente en silencio. Solo se escuchaba el sonido de los tacones de Valentina mientras subía las escaleras al lado de Alessandro. Llevaba puesto el vestido de novia blanco que él había elegido, y aunque era una boda falsa, se sentía extrañamente pesada.Ninguno de los dos había hablado desde que salieron de la ceremonia. El juez había firmado los papeles, les había tomado las fotos obligatorias, y ahora… ya eran legalmente marido y mujer.Alessandro abrió la puerta de la habitación principal y se hizo a un lado para dejarla pasar. Valentina entró y se detuvo en seco.Era una habitación enorme, completamente diferente a la que ella había estado usando. Una cama king size dominaba el centro, con sábanas de seda negra. Había velas encendidas por todo el lugar y una botella de champagne en una cubitera.—¿Esto es una broma? —preguntó Valentina, girándose hacia él.Alessandro cerró la puerta detrás de él y se quitó la corbata con lentitud.—Es la habitación matrimoni
Alessandro dio dos pasos hacia ella, su mirada era pura tormenta.—¿Pensabas escaparte en medio de la noche? —preguntó con voz baja y peligrosa.Valentina tragó saliva. El teléfono en su bolsillo parecía quemarle la piel.—No me estoy escapando —mintió—. Solo… necesitaba aire.Alessandro soltó una risa seca que no tenía nada de humor.—¿A las once de la noche? ¿Vestida como si fueras a robar un banco?Se acercó más. Valentina retrocedió hasta que su espalda chocó contra la puerta.Él puso una mano a cada lado de su cabeza, atrapándola.—Mírame a los ojos y dime la verdad. ¿A dónde ibas, Valentina?Ella sintió que el corazón se le iba a salir del pecho. El mensaje del almacén abandonado le quemaba en la mente. Si le contaba, tal vez nunca sabría lo que realmente pasó con su padre.—No es asunto tuyo —respondió, intentando sonar firme.Alessandro inclinó la cabeza, acercando su rostro al de ella.—Todo lo que tenga que ver contigo es asunto mío.De repente, el teléfono de Valentina vibr





Último capítulo