Valentina apenas durmió esa noche. Las palabras del último mensaje no dejaban de repetirse en su cabeza: “Porque yo soy tu hermano”.
Se levantó al amanecer, con los ojos hinchados y el corazón hecho un nudo. Cuando bajó al salón principal, encontró tres cajas enormes sobre la mesa del comedor. Todas tenían el mismo logo dorado: Valentino.
Abrió la más grande con manos temblorosas. Dentro había un vestido rojo sangre, largo, con un escote profundo en la espalda y detalles de pedrería negra que b