Nombre en el Spam
Nombre en el Spam
Por: ARYO
Mensaje equivocado

La lluvia caía como si el cielo estuviera furioso. Valentina Montenegro bajó del autobús corriendo, con la ropa pegada al cuerpo y el cabello chorreando. Eran las once de la noche y su día había sido un desastre total.

Su teléfono vibró en el bolsillo. Lo sacó mientras caminaba hacia su pequeño apartamento en las afueras de la ciudad. Al abrir el mensaje, frunció el ceño.

Número desconocido:

"Tu nombre está en el spam."

Valentina se detuvo en seco bajo la lluvia. ¿Qué demonios significaba eso? Borró el mensaje con fastidio y siguió caminando. No tenía tiempo para locos que mandaban mensajes raros a medianoche.

Al llegar a su edificio, subió las escaleras con cansancio. Apenas abrió la puerta de su pequeño apartamento, su mejor amiga Carla la esperaba con cara de preocupación.

—Val, tienes que ver esto… —dijo Carla, extendiéndole su laptop.

En la pantalla estaba el anuncio:

Asistente Ejecutiva Urgente – Salario: $4,500 mensuales

Valentina soltó una risa amarga.

—Nadie paga tanto por ser asistente. Tiene que ser una e****a.

—Dicen que es para el CEO de Valtieri Group. El tipo es un fantasma, nadie lo ha visto en persona. Pero el sueldo es real, Val. Mañana tienen entrevistas.

Valentina se quedó mirando el anuncio un largo rato. Cuatro mil quinientos dólares. Con ese dinero podría pagar el tratamiento de su madre y sacar a su familia adelante.

A la mañana siguiente, a las siete en punto, Valentina estaba parada frente al imponente edificio de cristal del Valtieri Group. Vestía su único traje negro, el que usaba para las entrevistas importantes, y unos tacones que ya le estaban matando los pies.

Cuando llegó su turno, la secretaria la miró de arriba abajo con desdén.

—Pase, señorita Montenegro.

Al entrar a la oficina, Valentina sintió que el aire se volvía más pesado. Sentado detrás de un escritorio de vidrio negro estaba él.

Alessandro Valtieri.

Treinta y pocos años. Traje negro impecable. Mandíbula marcada. Ojos oscuros que parecían capaces de leer el alma de cualquiera. Era peligrosamente guapo… y lo sabía.

Se levantó lentamente y caminó hacia ella. Su presencia llenaba toda la habitación.

—¿Nombre? —preguntó con voz grave, sin siquiera mirarla a los ojos mientras revisaba unos papeles.

—Valentina Montenegro.

En ese momento Alessandro levantó la vista. Sus ojos se clavaron en ella como dos puñales. Por un segundo, algo extraño cruzó su rostro. Casi como… reconocimiento.

—¿Montenegro? —repitió, y su voz se volvió más fría.

Valentina levantó el mentón, desafiante.

—¿Hay algún problema con mi apellido, señor Valtieri?

Él dio un paso más cerca. Tan cerca que ella pudo oler su perfume caro y oscuro.

—El problema, señorita Montenegro —dijo casi en un susurro—, es que tú no deberías estar aquí.

Valentina sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Perdón?

Alessandro sonrió de lado, pero no era una sonrisa amable. Era peligrosa.

—Bienvenida a mi empresa… Valentina.

Alessandro Valtieri no apartó la mirada de ella ni un segundo. Valentina sintió que el aire se volvía más denso, como si toda la habitación estuviera conteniendo la respiración.

—¿Qué quiere decir con que yo no debería estar aquí? —preguntó ella, tratando de que su voz no temblara.

Él inclinó ligeramente la cabeza, observándola como quien estudia a una presa.

—Exactamente lo que dije.

Dio otro paso hacia ella. Ahora solo los separaban unos centímetros. Valentina tuvo que levantar la cara para mirarlo a los ojos.

—Su currículum dice que estudia Derecho —continuó él, con tono bajo y peligroso—. También dice que su madre está enferma y que necesita dinero con urgencia. ¿Es correcto?

Valentina apretó los puños. ¿Cómo demonios sabía todo eso?

—Eso no es de su incumbencia.

Alessandro sonrió apenas, una sonrisa fría que no llegó a sus ojos.

—Todo lo que pase dentro de este edificio es de mi incumbencia, señorita Montenegro. Incluida usted.

De repente, una secretaria abrió la puerta sin tocar.

—Señor Valtieri, su siguiente reunión…

—Cancela todo —ordenó él sin mirarla—. Esta entrevista aún no termina.

La secretaria desapareció tan rápido como apareció. Alessandro volvió a clavar su mirada en Valentina.

—Le ofrezco el puesto. Empieza mañana. Sueldo de cinco mil dólares mensuales.

Valentina parpadeó, sorprendida.

—¿Cinco mil? El anuncio decía cuatro mil quinientos.

—Acabo de subirle el sueldo —dijo él, acercándose aún más—. Pero hay una condición.

—¿Cuál?

Alessandro se inclinó ligeramente hasta que sus labios casi rozaron su oreja.

—Nunca, bajo ninguna circunstancia, investigue quién soy yo en realidad.

Valentina sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. El corazón le latía tan fuerte que estaba segura de que él podía escucharlo.

—¿Y si lo hago? —preguntó en un susurro.

Los ojos de Alessandro brillaron con algo oscuro.

—Entonces ambos vamos a lamentarlo… especialmente tú.

Se apartó lentamente, volvió a su escritorio y firmó un papel sin decir una palabra más. Lo deslizó hacia ella.

—Bienvenida al infierno, Valentina.

Ella tomó el contrato con manos temblorosas. Cuando levantó la vista, él ya estaba de espaldas, mirando por el ventanal hacia la ciudad.

Valentina salió de la oficina sintiendo que acababa de firmar un pacto con el diablo.

Y lo peor… es que una parte de ella quería volver a entrar.

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