La puerta del sótano seguía temblando con golpes fuertes. Alessandro sacó un arma de la parte trasera de su pantalón y apuntó directo a la puerta.
—Quédate atrás —ordenó sin mirarla.
Valentina obedeció, pero su corazón latía tan fuerte que sentía que se iba a desmayar. De repente los golpes cesaron. Se escuchó una voz del otro lado:
—Señor Valtieri, soy yo, Marco. Todo está controlado. Fue un invitado borracho que disparó al aire. Nadie está herido.
Alessandro bajó el arma, pero no guardó la ca