Mundo ficciónIniciar sesiónElla fue abandonada por su esposo en la noche de bodas, tras él confirmar que ella no era lo que él esperaba, un amor que parecía ser imparable, bastó tan solo una noche para que todo se fuera a la basura, aquel hombre que ella amaba con todo su ser no dudó un segundo en dejarla tirada en aquel hotel tras descubrir que ya no era virgen, ahora ella estaba entre la muerte y el rechazo de su esposo, porque si él decidía no estar más con ella, iba a ser asesinada por la sociedad o por su propia familia de acuerdo a las costumbres, aunque para ella, ya había muerto desde ese día, ese día donde sin piedad le robaron su inocencia, aunque nadie le creía. ¿Será ella capaz de vivir con el desprecio de la sociedad y de su esposo, aceptando vivir como una basura en la casa donde iba a ser la señora o aceptará su destino que es la muerte? Y si la sed de venganza se hace más fuerte que el amor que sentía...
Leer másEl cuerpo de la mujer se estrelló contra el suelo de golpe, un gemido de dolor salió de sus labios al instante, las lagrimas brotaban de su rostro sin parar, su corazón estaba ardiendo del dolor, sentía que no podía ni siquiera respirar por el dolor que recorría cada partícula de su cuerpo. A penas pudo levantar la mirada y ver al hombre con el que hace unas horas se había casado a los ojos, ver el odio y el asco que le transmitían esos mismos ojos que le transmitieron amor y paz una vez, solo la rompió más, eso la quebró aún más, porque esperaba que él pudiera confiar en ella.
–¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! –gritó el hombre eufórico, lleno de rabia y odio, estaba totalmente fuera de control, que ni siquiera podía ver el impacto que estaba causando en la mujer que tenía en frente, la mujer que hace unas horas se había convertido en su esposa, la mujer que hace un momento lo había hecho el hombre más feliz del mundo, pero esa felicidad no duró más que horas.
La mujer intentó ponerse de pie y acercarse a él con suplicas, esperando que la escuchara, aunque fuera por un momento.
–Ali, te juro que no es lo que piensas, yo no quería –expresó la mujer entre llantos, intentando tomar las manos de su esposo. –. Te lo juro por mi vida, tú eres y siempre serás el único hombre al que he amado y amaré toda mi vida, tienes que creerme…
Una vez más, el hombre la empujó, pero esta vez con más fuerza, rabia y repugnancia, no podía verla, y si ella no se iba, se iba a ir él, porque podría hacerle algo peor, cuando ella vio su intención de marcharse le sostuvo fuertemente del pie suplicándole que no se fuera, que la escuchara. Porque dentro de ella aun había la esperanza de que el al escucharla la tomara entre sus brazos y la consolara, estaba segura que la amaba y que el amor ganaría, trataba de entender que él estaba en todo su derecho de actuar como estaba actuando en ese momento.
–No te vayas así, Ali –suplicó. –. Es nuestra noche de bodas, amor, solo dame un minuto, solo un minuto, sé que me amas, pero yo no quise esto, siempre…
–¡Ya basta! –le gritó el hombre furioso, espantándola, tanto que su llanto cesó por un momento. –. No quiero escucharte –expresó el hombre con más calma, dándose la vuelta.
La mujer se tiró de lado en el suelo volviendo a hundirse en llantos, cuando vio que, de verdad, su esposo pensaba marcharse y abandonarla en esa habitación sola el día de su boda, soltó un grito lleno de rabia y dolor, para luego susurrar, lo suficientemente alto para que el la escuchara.
–Él abusó de mí…
El hombre se detuvo por un instante al escucharla, apretó sus manos fuertemente lastimando sus palmas por la fuerza que usaba, al sentir que otra vez se iba a llenar de rabia, y el mismo deseo de destruir todo a su alrededor estaba volviendo a apoderarse de él, gruñó y se fue lo más rápido que pudo de aquel lugar.
Cuando la mujer escuchó la puerta cerrarse, su corazón se partió en dos, sintió que su pecho se desgarraba, podía sentir el dolor en su corazón físicamente, llevó su mano a su pecho y empezó a apretárselo mientras lloraba sin consuelo.
“Él volverá, lo hará”
Se decía a sí misma mientras imaginaba que él venía y la abrazaba fuertemente en el suelo y lloraba con ella, acariciaba su rostro, y le prometía que eso no iba a arruinar su relación, que la amaba y que nada cambiaría eso.
De repente sintió unas manos frías sobre sus hombres, levantó la cabeza de golpe y se giró rápidamente, era él, había vuelto, sonrió sollozando y se lanzó a sus brazos.
–Sabía que volverías, sabía que lo harías mi amor –dijo con la voz sofocada, mientras apretaba el cuello del hombre con fuerza, su corazón estaba calentándose, con una sonrisa acompañada de lagrimas de dolor, y a la vez un poco de esperanza. –. Estás aquí, estás aquí –decía con la voz quebrada.
–Sí, estoy aquí –el hombre buscó ver su rostro tomando su cara entre sus manos. –. No podía irme, no podía, te amo demasiado, pero me lastimaste mucho, y temía hacerte daño.
Ella negó con la cabeza sonriendo, mientras ponía sus manos sobre la de su esposo.
–No, yo te entiendo, debí decirte, pero es que tenía tanto miedo –su voz empezó a quebrar. –. Es que yo no puedo vivir sin ti, no podía imaginar… –su voz se cortó completamente y otra vez empezó a llorar.
–Shh –le pidió, meciéndola entre sus brazos tratando de calmarla.
Tenía mucho miedo de que no volviera, pero al final, sí lo hizo, no la abandonó y eso no solo le devolvió la esperanza, sino que le devolvió la vida.
Un frío repentino empezó a recorrer el cuerpo de la mujer tirada en el suelo, había llorado tanto que el sueño la llevó profundamente, y solo así por un momento pudo dejar de culparse y odiarse.
Se levantó del suelo con mucho cuidado, y desesperada empezó a revisar la habitación, cuando al fin cayó en cuenta que él no estaba, asimiló que todo había sido su imaginación, un sueño.
«No»
Su cuerpo se derrumbó frente a la cama, y nuevamente empezó a llorar, con más amargura, pero con menos fuerza. No dejaba de preguntarse el por qué de todo esto, ¿Por qué aquel hombre tuvo que arruinarle la vida de esa manera? ¿Y por qué el hombre que amaba no podía creerle?
Sila levantó la mirada entre sollozos, tenía su cabello regado por su rostro y algunos estaban entre las orillas de sus labios, el hombre con delicadeza apartó de su rostro cada hebra, y le acarició con cariño. Cuando sus ojos se encontraron con los oscuros y almendrados de aquel, se perdió un momento en su mirada, parpadeó varias veces impresionada, escaneó el rostro del hombre, esa piel clara ligeramente bronceada, cabello oscuro, corto y bien peinado, cuando volvió sus ojos a los suyos solo pudo echarse a llorar con más fuerzas en los brazos de él.–Hakan –sollozó apretándole la camisa por la espalda. –. Ojalá hubiera muerto, ojalá hubiera muerto Hakan… El joven estaba confundido, pero más adolorido por como la veía, en silencio decidió apretarla entre sus brazos y dejar que se desahogara, era obvio que lo necesitaba, aunque verla llorar de esa manera le partía el corazón, tenía muchas preguntas, y a la vez rabia. Llevó una mano detrás de su cabeza y le depositó un beso cerca de
Los ojos de Sila se aguaron, su corazón dolía y ardía como nunca, llevó una mano a sus labios mientras observaba a Ali paseando por el jardín con aquella mujer, ¿Quién era? Él se veía tan normal, mientras ella sufría y sufría, no podía entender porque no se preocupaba por ella, de la nada hizo como si ella ya no existiera. Y eso la había rompido como nada, ¿será que ella podía perdonarlo por esto?Miró sus manos y recordó como había destruido el auto de su cuñado con un madero, aun no podía creer que había hecho eso. Sin pensarlo más se adentró a la propiedad captando la atención de ambas personas que estaban en el patio. Sus ojos se encontraron con las de su esposo quien permaneció neutro, mirándola sin emoción alguna.Sila avanzó hacia ellos mientras miraba a su esposo a los ojos, cuando estuvo más cerca de ellos desvío sus ojos sobre la mujer que acompañaba a su esposo, estaba ardiendo de celos, estaba que ardía.–¿Nos dejas un momento, por favor? –pidió Ali, con una sonrisa a la r
Si le quedaba algo de dignidad, lo próximo sería marcharse de esa casa, porque su esposo debía saber de lo que ella era o no capaz, pero este actuaba como si ella fuera una completa extraña, de la que no sabía de lo que era capaz o no.La mujer meneó la cabeza sintiendo un dolor profundo en el pecho, las palabras de su esposo hicieron eco en sus oídos, sin decir nada más decidió marcharse, lagrimas brotaban de sus ojos mientras caminaba desolada por la calle, quería gritar, sentía mucha rabia por dentro, pero ni siquiera sabía como expresarlo, con miedo a perder el conocimiento en la calle, decidió tomar un taxi para ir a casa.Cuando llegó a casa, se sentó en las escaleras de la entrada y lloró amargamente, pero en su pensamiento solo tenía el deseo de demostrar su inocencia, estaba dispuesta a luchar, todavía tenía esperanza en su matrimonio.–¿Por qué? –se preguntó, llorando. –. ¿Por qué, Dios mío? –alzó la mirada al cielo.No sabía que le dolía más, la posición de su esposo o la s
La fría y desolada noche había pasado, pero el dolor con el que ella cargaba seguía ahí, porque eran las nueve de la mañana y su esposo no había decidido volver, peor aún, no tenía idea de si volvería o no, pero quería creer que sí. ¿Qué haría con ella? ¿seguiría la tradición o simplemente seguiría amando a su esposa como si nada?Luego de darse una ducha a regañadientes se paró frente a la ventana mirando por horas, pero él nunca apareció ante su vista, ni tampoco por la puerta, porque tenía la esperanza de que, aunque no lo viera venir, podía aparecer en cualquier momento por su puerta. ¿De verdad no iba a volver? ¿De verdad la iba a abandonar así nada más? Ella se negaba a creer que fuera capaz de eso, él la amaba demasiado. O al menos eso pensaba.Sin ninguna otra opción, decidió llamar a la familia del hombre, pero colgó al instante, no quería apresurar las cosas, ellos no tenían por qué saber lo que estaba pasando, de hecho, tal vez su esposo andaba deambulando por ahí, y ella i
Último capítulo