Si le quedaba algo de dignidad, lo próximo sería marcharse de esa casa, porque su esposo debía saber de lo que ella era o no capaz, pero este actuaba como si ella fuera una completa extraña, de la que no sabía de lo que era capaz o no.La mujer meneó la cabeza sintiendo un dolor profundo en el pecho, las palabras de su esposo hicieron eco en sus oídos, sin decir nada más decidió marcharse, lagrimas brotaban de sus ojos mientras caminaba desolada por la calle, quería gritar, sentía mucha rabia por dentro, pero ni siquiera sabía como expresarlo, con miedo a perder el conocimiento en la calle, decidió tomar un taxi para ir a casa.Cuando llegó a casa, se sentó en las escaleras de la entrada y lloró amargamente, pero en su pensamiento solo tenía el deseo de demostrar su inocencia, estaba dispuesta a luchar, todavía tenía esperanza en su matrimonio.–¿Por qué? –se preguntó, llorando. –. ¿Por qué, Dios mío? –alzó la mirada al cielo.No sabía que le dolía más, la posición de su esposo o la s
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