Mundo de ficçãoIniciar sessãoSila levantó la mirada entre sollozos, tenía su cabello regado por su rostro y algunos estaban entre las orillas de sus labios, el hombre con delicadeza apartó de su rostro cada hebra, y le acarició con cariño. Cuando sus ojos se encontraron con los oscuros y almendrados de aquel, se perdió un momento en su mirada, parpadeó varias veces impresionada, escaneó el rostro del hombre, esa piel clara ligeramente bronceada, cabello oscuro, corto y bien peinado, cuando volvió sus ojos a los suyos solo pudo echarse a llorar con más fuerzas en los brazos de él.
–Hakan –sollozó apretándole la camisa por la espalda. –. Ojalá hubiera muerto, ojalá hubiera muerto Hakan…
El joven estaba confundido, pero más adolorido por como la veía, en silencio decidió apretarla entre sus brazos y dejar que se desahogara, era obvio que lo necesitaba, aunque verla llorar de esa manera le partía el corazón, tenía muchas preguntas, y a la vez rabia. Llevó una mano detrás de su cabeza y le depositó un beso cerca de su sien.
–Está bien –le dijo entre suspiros. –. Todo va a estar bien.
Cuando su llanto cesó, el joven la ayudó a pararse y en silencio la condujo hacia su auto para sacarla de ahí, mientras manejaba la observaba de reojo, recordando como la había encontrado, parecía estar sufriendo un tipo de ataque frente a aquella casa.
Pasó a sentarse frente al lado de ella con una tasa de té, Sila aun no probaba la suya, seguía con la mirada perdida, como si estuviera en shock, ella siempre hacía lo posible para no recordar ese día, era como un señuelo para engañar su mente, si no lo recordaba no pasó, pero eso solo hacía que cuando revivía ese momento le daba muy fuerte.
–No puedo continuar viéndote así, Sila –confesó el joven a su lado.
Sila giró la cabeza para verlo a los ojos, y sus ojos volvieron a aguarse sin querer.
–No más, tomate esto –dijo Hakan mientras se inclinaba para tomar la tasa de té y entregársela. –. Ahora, cuéntame, ¿qué demonios está pasando? ¿Por qué estás así?
Sila terminó de tomar un sorbo y dejó la tasa sobre la mesita, apoyó su cabeza al hombro del joven, confiaba en él, pero le preocupaba lo que el pudiera hacer, como pudiera reaccionar, habían crecido juntos, eran como hermanos, y cuando se trataba de ella, en realidad, aquel joven no bromeaba.
–¿Qué haces aquí? No se supone que deberías estar estudiando –le dijo, forzando una sonrisa.
–No me cambies el tema, Sila –le reprendió Hakan.
Sila dejó caer su cabeza hacia atrás suspirando, subió las piernas al sofá y los cruzó como indios.
–Ali me abandonó en la luna de miel porque no era virgen –soltó mirando el techo mientras relamía sus labios. –. Por más que intenté explicarle que no era lo que pensaba se empeñó en que había traicionado su confianza, pienso que mi virginidad valía más que mi amor.
Sila sabía que aquello iba a confundir a Hakan, porque en realidad él no sabía nada, y era mejor que no lo supiera, no quería armar una guerra, quería en silencio regresar con su esposo y que todo terminara allá, pero ya no estaba tan segura de ello, tenía motivos suficientes para no confiar más en aquel hombre que era su esposo.
–Necesito que me expliques bien, Sila –exigió Hakan.
Antes de que Sila pudiera abrir su boca y decir algo, alguien empezó a tocar la puerta de manera desesperada y sin cortesía alguna, suspirando y algo molesto Hakan fue a abrir, la persona ni siquiera espero a que le dieran espacio para entrar y se adentró al interior.
El corazón de Sila dio un vuelco al ver a su hermano, este estaba furioso y venía como un león rugiente, su camisa tenía varios botones abiertos y tenía la cara roja. Este tomó a Sila bruscamente del brazo y empezó a arrastrarla.
–¿Qué demonios crees que haces? –Hakan tiró del brazo de Sila y la puso detrás de su espalda.
–Hakan no, está bien –se apartó de la espalda de él y le dio la cara. –. Yo ya morí hace mucho tiempo –declaró.
Hakan apretó los puños molesto, estaba lleno de impotencia, aquellas personas no iban a cambiar simplemente por él.
–Será mejor que no la lastimes –amenazó señalando al hermano de Sila.
El hermano de Sila dio un paso hacia él quedando entre ellos Sila.
–Será mejor que no te metas –amenazó de igual forma antes de tirar del brazo de su hermano y llevar a la fuerza. –. ¿Piensas que puedes meterte en un gran problema como este y huir? Mejor te hubieras quedado a rogarle a ese imbécil de tu esposo que dejar que papa se enterara de esa manera.
Cuando llegaron a casa, su hermano la lanzó ante los pies de su padre, ella ni siquiera se inmutó, estaba perdida recordando los buenos momentos que había vivido con Ali, las promesas y el amor eterno que le juraba. ¿A dónde se había ido todo eso?
–¿Qué se supone que haga, Sila? Tu nombre está regado en todo el pueblo ¿sabes? –le dijo su padre.
Sila se enderezó poniéndose de rodillas a los pies de su padre, no había argumentos para limpiar su nombre, todo estaba perdido.
–Perdóname papá –suplicó. –. Te juro que…
Su padre la hizo a un lado en un movimiento rápido y brusco:
–¡No me jures nada! –su padre volteó a verla furioso, era su tesoro más preciado, y exactamente haberla amado tanto hacía su decepción más grande.
Repentinamente se empezaron a escuchar ruidos en la puerta, y piedras empezaron a golpear las ventanas, todos los que estaban presentes en la sala empezaron a mirarse unos a otros.
–¡Salgan ahora! ¡No permitiremos que esta mujerzuela continue contaminando nuestra comunidad!
El hermano de Sila sacó su arma y le quitó el seguro al instante antes de dirigirse hacia la puerta.







