–¡Orion! –gritó el padre de Sila parando en seco a su hijo, antes de que el pudiera reclamar le dio una mirada de advertencia. Se acercó a su hija la tomó del brazo y salió al patio con ella, había un grupo de señoras y algunos hombres afuera de la casa gritando como locos.
–¡Lárguense! –gritó Orion siguiendo a su padre quien se llevaba a su hija arrastras.
Cuando llegaron a la casa del esposo de su hija, el hombre tocó la puerta con insistencia y sin mucho pudor que digamos, Sila estaba avergon