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La traición
La traición
Por: Yalow
Capítulo 1 Él abusó de mi...

El cuerpo de la mujer se estrelló contra el suelo de golpe, un gemido de dolor salió de sus labios al instante, las lagrimas brotaban de su rostro sin parar, su corazón estaba ardiendo del dolor, sentía que no podía ni siquiera respirar por el dolor que recorría cada partícula de su cuerpo. A penas pudo levantar la mirada y ver al hombre con el que hace unas horas se había casado a los ojos, ver el odio y el asco que le transmitían esos mismos ojos que le transmitieron amor y paz una vez, solo la rompió más, eso la quebró aún más, porque esperaba que él pudiera confiar en ella.

­–¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! –gritó el hombre eufórico, lleno de rabia y odio, estaba totalmente fuera de control, que ni siquiera podía ver el impacto que estaba causando en la mujer que tenía en frente, la mujer que hace unas horas se había convertido en su esposa, la mujer que hace un momento lo había hecho el hombre más feliz del mundo, pero esa felicidad no duró más que horas.

La mujer intentó ponerse de pie y acercarse a él con suplicas, esperando que la escuchara, aunque fuera por un momento.

–Ali, te juro que no es lo que piensas, yo no quería –expresó la mujer entre llantos, intentando tomar las manos de su esposo. –. Te lo juro por mi vida, tú eres y siempre serás el único hombre al que he amado y amaré toda mi vida, tienes que creerme…

Una vez más, el hombre la empujó, pero esta vez con más fuerza, rabia y repugnancia, no podía verla, y si ella no se iba, se iba a ir él, porque podría hacerle algo peor, cuando ella vio su intención de marcharse le sostuvo fuertemente del pie suplicándole que no se fuera, que la escuchara. Porque dentro de ella aun había la esperanza de que el al escucharla la tomara entre sus brazos y la consolara, estaba segura que la amaba y que el amor ganaría, trataba de entender que él estaba en todo su derecho de actuar como estaba actuando en ese momento.

–No te vayas así, Ali –suplicó. –. Es nuestra noche de bodas, amor, solo dame un minuto, solo un minuto, sé que me amas, pero yo no quise esto, siempre…

–¡Ya basta! –le gritó el hombre furioso, espantándola, tanto que su llanto cesó por un momento. –. No quiero escucharte –expresó el hombre con más calma, dándose la vuelta.

La mujer se tiró de lado en el suelo volviendo a hundirse en llantos, cuando vio que, de verdad, su esposo pensaba marcharse y abandonarla en esa habitación sola el día de su boda, soltó un grito lleno de rabia y dolor, para luego susurrar, lo suficientemente alto para que el la escuchara.

–Él abusó de mí…

El hombre se detuvo por un instante al escucharla, apretó sus manos fuertemente lastimando sus palmas por la fuerza que usaba, al sentir que otra vez se iba a llenar de rabia, y el mismo deseo de destruir todo a su alrededor estaba volviendo a apoderarse de él, gruñó y se fue lo más rápido que pudo de aquel lugar.

Cuando la mujer escuchó la puerta cerrarse, su corazón se partió en dos, sintió que su pecho se desgarraba, podía sentir el dolor en su corazón físicamente, llevó su mano a su pecho y empezó a apretárselo mientras lloraba sin consuelo.

“Él volverá, lo hará”

Se decía a sí misma mientras imaginaba que él venía y la abrazaba fuertemente en el suelo y lloraba con ella, acariciaba su rostro, y le prometía que eso no iba a arruinar su relación, que la amaba y que nada cambiaría eso.

De repente sintió unas manos frías sobre sus hombres, levantó la cabeza de golpe y se giró rápidamente, era él, había vuelto, sonrió sollozando y se lanzó a sus brazos.

–Sabía que volverías, sabía que lo harías mi amor –dijo con la voz sofocada, mientras apretaba el cuello del hombre con fuerza, su corazón estaba calentándose, con una sonrisa acompañada de lagrimas de dolor, y a la vez un poco de esperanza. –. Estás aquí, estás aquí –decía con la voz quebrada.

–Sí, estoy aquí –el hombre buscó ver su rostro tomando su cara entre sus manos. –. No podía irme, no podía, te amo demasiado, pero me lastimaste mucho, y temía hacerte daño.

Ella negó con la cabeza sonriendo, mientras ponía sus manos sobre la de su esposo.

–No, yo te entiendo, debí decirte, pero es que tenía tanto miedo –su voz empezó a quebrar. –. Es que yo no puedo vivir sin ti, no podía imaginar… –su voz se cortó completamente y otra vez empezó a llorar.

–Shh –le pidió, meciéndola entre sus brazos tratando de calmarla.

Tenía mucho miedo de que no volviera, pero al final, sí lo hizo, no la abandonó y eso no solo le devolvió la esperanza, sino que le devolvió la vida.

Un frío repentino empezó a recorrer el cuerpo de la mujer tirada en el suelo, había llorado tanto que el sueño la llevó profundamente, y solo así por un momento pudo dejar de culparse y odiarse.

Se levantó del suelo con mucho cuidado, y desesperada empezó a revisar la habitación, cuando al fin cayó en cuenta que él no estaba, asimiló que todo había sido su imaginación, un sueño.

«No»

Su cuerpo se derrumbó frente a la cama, y nuevamente empezó a llorar, con más amargura, pero con menos fuerza. No dejaba de preguntarse el por qué de todo esto, ¿Por qué aquel hombre tuvo que arruinarle la vida de esa manera? ¿Y por qué el hombre que amaba no podía creerle?

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