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Capítulo 3 ¿No te defendiste una vez y lo harás ahora?

Si le quedaba algo de dignidad, lo próximo sería marcharse de esa casa, porque su esposo debía saber de lo que ella era o no capaz, pero este actuaba como si ella fuera una completa extraña, de la que no sabía de lo que era capaz o no.

La mujer meneó la cabeza sintiendo un dolor profundo en el pecho, las palabras de su esposo hicieron eco en sus oídos, sin decir nada más decidió marcharse, lagrimas brotaban de sus ojos mientras caminaba desolada por la calle, quería gritar, sentía mucha rabia por dentro, pero ni siquiera sabía como expresarlo, con miedo a perder el conocimiento en la calle, decidió tomar un taxi para ir a casa.

Cuando llegó a casa, se sentó en las escaleras de la entrada y lloró amargamente, pero en su pensamiento solo tenía el deseo de demostrar su inocencia, estaba dispuesta a luchar, todavía tenía esperanza en su matrimonio.

–¿Por qué? –se preguntó, llorando. –. ¿Por qué, Dios mío? –alzó la mirada al cielo.

No sabía que le dolía más, la posición de su esposo o la situación, simplemente todo se había convertido en una locura.

–Al fin llegas –habló alguien detrás de ella, lo que hizo que se espantara.

Se paró del suelo y volteó a ver, cuando vio que era su madre se echó a llorar y quiso abrazarla, pero su madre reaccionó tomándola de las greñas mientras le gritaba cosas peores de las que le había gritado su suegra.

–¿Cómo pudiste deshonrar de esa manera a tu familia? ¿Eh? –dijo mientras la sacudía del cabello.

–Mama… –lloró. –. No me has dejado explicarte nada –dijo con poca voz, ya no tenía fuerzas para defenderse, ya no tenía fuerzas para luchar, todo el mundo estaba en su contra.

Su madre la estrelló contra el suelo sin piedad alguna, su hermana que había escuchado sus gritos salió corriendo de la casa para socorrer a su hermana.

–Vete con tu marido, antes de que tu hermano te mate –le advirtió la madre.

–Pero ¡qué haces mamá! –gritó la hermana agachándose frente a Sila.

La madre tomó a la chica del brazo y la hizo a un lado con brusquedad.

–Entra a la casa y no te metas –le ordenó. –. Para que no sigas los pasos de esta cualquiera…

Aquellas palabras abrieron en dos el corazón de la pobre Sila, soltó un jadeo de la impresión, su madre acaba de decirle esas palabras, ella lo había arruinado, días antes toda su familia estaba feliz, y le habían dado la bendición, ahora, parecía que el mundo le había caído encima.

En cuestión de segundos cuando ella volvió a su realidad, empezó a sentir cosas cayendo sobre ella, cuando abrió los ojos vio que su madre le estaba lanzando sus prendas sin control, mientras su hermana imploraba que parara. Pronto los vecinos empezaron a reunirse para observar la situación, la familia de su recién esposo era una familia respetada al igual que la suya, sin embargo, eran más adinerados que ellos, pero su madre pocas veces sabía comportarse a la altura, porque si su padre estuviese ahí, en realidad, esto no pasaría así al aire libre.

Sila se paró, e ignorando a todos empezó a marcharse, su madre seguía gritando y los vecinos susurraban entre ellos, sin detenerse a mirar a nadie, se marchó, no había pensado a donde ir, simplemente decidió no aguantar, y marcharse sin pensar en rumbo alguno.

De repente para sumarle a su mala suerte, empezó una fuerte lluvia, pero ella no se detuvo en ningún lugar, continúo caminando sin rumbo alguno, llorando amargamente bajo la lluvia, lo único que había en sus manos era una bolsa que guindaba de sus dedos sin fuerza alguna.

El ruido de una moto hizo que se pegara más a la orilla, su acto fue rápido al sentir que la moto estaba algo cerca, pero antes de que pudiera siquiera voltear su bolso le fue arrebatado, seguido de eso su cuerpo fue arrojado entre las hierbas de la acera, y su cabeza terminó contra el poste de luz.

(…)

Sila abrió los ojos luego de varios parpados, por instinto tocó su frente y sintió que una banda rodeaba su cabeza, giró un poco la cabeza y empezó a observar alrededor desconcertada, dedujo que estaba en un hospital, pero no recordaba nada aparte del sonido del motor cerca de ella, ¿la habían atropellado? ¿Cómo llegó al hospital?

Al lado de la camilla estaba su bolso, lo tomó y reviso que sus cosas estuvieran ahí, no faltaba absolutamente nada, por alguna razón ella no quería permanecer más ahí, se bajó de la camilla, y como pudo intentó salir de la habitación, al abrir la puerta al primero que visualizaron sus ojos fue a ese hombre, ¿qué hacía él ahí? ¿Por qué estaba ahí?

Le daba asco mirarlo, y aunque por causa de su esposo tenía que soportarlo, nunca pudo acostumbrarse a su presencia, la sensación horrible que recorría su piel cada vez que estaba cerca siempre le incitaba a salir corriendo de donde fuera que él estuviera.

Lo primero que le dijo su instinto fue salir huyendo, pero en cuestión de segundos el hombre la tenía sostenida del brazo.

–¿No te lo dije? –le preguntó en un tono burlón. –. ¿Aun quieres pelear? Tienes todas las de perder, vengo a ofrecerte un trato –le dijo el hombre jugando con un mechón de su cabello negro. –. Es por tu bien, te ayudaré a irte lejos, y olvidarte de toda esta m****a…

Sila soltó una carcajada sarcástica, ni siquiera ella supo de donde sacó las fuerzas, miró al hombre a los ojos, seguido lo alejó de su cuerpo.

–¿A qué le temes? —indagó. –. ¿Tienes miedo de que quiera vengarme? –dio varios pasos hacia él. –. Hagas lo que hagas siempre serás el perdedor, aunque pienses que ganaste, y si Ali no regresa conmigo, puedes ir cavando tu tumba, te lo juro –golpeó su dedo contra el pecho del hombre.

El hombre negó con la cabeza riendo, mientras la miraba con pena fingida.

–¿No te defendiste una vez y lo harás ahora?

Aquellas palabras apuñalaron a Sila, su pulso subió a mil repentinamente, apretó los puños mientras se esforzaba por no derrumbarse, aquellos recuerdos regresaron, y eran tan vividos que podía sentir el dolor de ese día de manera tan real. Quiso golpearlo, gritar, matarlo en ese mismo instante, pero con las pocas fuerzas que le quedaban, decidió respirar profundo y mantener la cordura, toda esa rabia debía de convertirla en una venganza muy bien planificada, y no dejarse llevar por sus impulsos.

–¿Te comió la lengua el ratón, Sila? –preguntó burlándose. –. ¿Cómo pudiste engañar a mi hermano? ¿No que lo amabas? ¿No me rechazaste por él? –preguntó haciéndose el indignado.

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