Mundo ficciónIniciar sesiónAlma solo quería un sueldo, un escritorio y una vida tranquila en Frederick Tower. Nada de romances, nada de jefes guapos, nada de problemas. Entonces se queda atrapada en el ascensor con Alex Frederick: dueño de la empresa, alfa de la manada de Niebla y el hombre que no debería ni mirarla… pero la huele una vez, y todo cambia. Desde ese día, el cuerpo de Alma se vuelve loco: calor, mareos, sueños con él. Los médicos hablan de estrés. Los informes la llaman “caso Trish”. Alex lo llama de otra forma: su omega. Mientras una guerra silenciosa se cocina entre clanes, fundaciones y criaturas que se esconden bajo trajes caros, Alma tendrá que elegir: ¿ser la presa perfecta que todos quieren controlar… o la omega que se atreve a romper el sistema, incluso si eso significa caer en la cama —y en las garras— de su jefe?
Leer másPOV: Alma
El contrato no olía a papel.
Olía a desinfectante, a tinta fresca… y a algo más. Un rastro metálico, casi eléctrico, que no tenía sentido en una sala de Recursos Humanos en el piso veintiocho de Frederick Tower.
—Firma aquí, Alma —dijo Sofía, empujando el documento hacia mí—. Y aquí. Y… aquí. Te lo juro, no vendemos tu alma. Solo un porcentaje obsceno de tu tiempo.
Intenté sonreír. El bolígrafo se sentía demasiado pesado entre mis dedos.
Era mi primer día en Frederick Holdings. Hasta ahora solo había sido un nombre en correos fríos. En este momento, sentada frente al contrato, empezaba a parecer una vida nueva… o una trampa muy elegante.
—Esta es la versión final —añadió Sofía—. Incluye confidencialidad reforzada para análisis de riesgo y el apartado médico. Nada fuera de lo normal para tu área.
Apartado médico.
Mis ojos bajaron al texto. Letras pequeñas, párrafos interminables. Una línea se desprendió del resto como si la hubieran subrayado con sangre:
“La parte contratante se compromete a someterse a exámenes médicos periódicos, incluyendo evaluaciones hormonales, y a informar de inmediato cualquier cambio significativo en su ciclo, estado físico o emocional…”
Fruncí el ceño.
—¿Evaluaciones hormonales? —pregunté—. Pensé que eran solo chequeos generales.
Sofía se encogió de hombros.
—En tu área trabajan con información sensible —explicó—. El estrés, el insomnio, los ataques de ansiedad… todo eso puede distorsionar tus análisis. Es una forma elegante de decir “si estás a punto de explotar, queremos saberlo”.
Tenía sentido. Más o menos. Pero algo en esa frase me incomodó. No decía “ciclo menstrual”. Decía “ciclo” a secas, como si asumieran que mi cuerpo seguía reglas que nadie me había explicado.
Un calor raro empezó a subir desde la nuca. Aflojé la bufanda que usé para enfrentar la lluvia de Nova Lyra.
—Alma —dijo Sofía, mirándome con atención—. ¿Estás bien?
—Sí —respondí demasiado rápido—. Solo… hace calor.
Mentía. El aire acondicionado estaba helado. Mi piel, en cambio, ardía.
“Ansiedad”, pensé. “Nuevo trabajo, edificio enorme, contrato con letras diminutas. Normal”.
Respiré hondo y seguí leyendo. Confidencialidad reforzada. Prohibición de hablar de proyectos. De usar datos para beneficio personal. De casi todo lo que podría salvarme si esto salía mal.
Al final del documento, un espacio en blanco:
Firma de la empleada: Alma Trish.
Mi nombre ahí parecía ajeno. Definitivo.
El olor raro volvió.
No venía del papel.
La puerta de la sala se abrió sin que nadie golpeara. El aire se movió, trayendo un perfume oscuro, como ámbar caliente mezclado con tormenta.
No tuve que girar la cabeza para saber quién era.
—Señor Frederick—dijo Sofía, poniéndose de pie—. No lo esperábamos para la firma.
Yo tampoco. Pero mi cuerpo sí. Lo reconoció antes que mi mente.
La atmósfera cambió. El espacio pareció encogerse, como si las paredes contuvieran la respiración.
Me obligué a levantar la vista.
Traje oscuro, corbata un poco aflojada, hombros relajados, tensión escondida en la mandíbula. Sus ojos ámbar recorrieron la escena: el contrato, mi mano, mi cara.
Era más joven de lo que imaginaba para alguien que sonaba tan intocable en los correos. Más joven… y mucho más peligroso.
—Vine a ver algo —dijo, con una voz tranquila que llenaba la sala—. ¿Hay problemas con el documento?
Sofía rió, nerviosa.
—Nada grave, señor. Solo la letra pequeña asustando a los talentos nuevos.
Lo dijo en tono ligero, pero sus dedos apretaban la carpeta contra el pecho.
Alex Federick se acercó a la mesa.
No necesitaba acercarse tanto. Ninguna cláusula lo exigía. Y aun así, lo hizo. Cada paso hacía que el olor a ámbar y tormenta se hiciera más fuerte, hasta envolverme.
El calor en mi nuca bajó por la espalda. Sentí el pulso en la garganta, en las muñecas, en lugares que no deberían enterarse de quién era mi jefe.
—¿Hay algo que no entiendas, señorita Trish? —preguntó, sin apartar la vista de mí.
Quise decir “no, todo bien, firmo y me voy a mi escritorio”. En cambio, mi mirada volvió al apartado médico.
—La parte de los exámenes —alcancé a decir—. Y esto de informar cambios de ciclo. No estoy enferma. Solo tengo ansiedad.
Al soltar esa palabra, me sentí ridículamente expuesta. Como si acabara de entregarle mi punto débil.
Sus ojos se clavaron un poco más en los míos. No con lástima. Con interés.
—No es una cláusula pensada solo para ti —dijo al fin—. Es estándar para tu área.
Su tono era neutro, pero la sensación fue otra: como si estuviéramos hablando de algo que yo ni siquiera sabía que podía cambiar.
Quise preguntar “¿qué tipo de cambios esperan exactamente?”. Pero el calor subió un grado y el perfume se me metió por la nariz, bajando al pecho como humo espeso.
Sofía aprovechó el silencio.
—Si estás conforme, firmamos y activamos tu ingreso —dijo, empujando otra vez el documento hacia mí—. Oficialmente formas parte de análisis de riesgo desde hoy. Están esperándote arriba.
“Están esperándote”.
Pensé en la pieza helada que arriendo. En mi mamá preguntando por mensaje si “en la capital pagan bien”. En las deudas. En la beca que acepté apenas vi el logo de Frederick Holdings.
Pensé en que no tenía un plan B.
Miré el espacio en blanco.
Tomé el bolígrafo.
—Quiero el trabajo —dije, intentando que la voz no me temblara.
Y firmé.
La tinta apenas se secó cuando el olor a ámbar y tormenta pareció intensificarse. Como si el aire aprobara mi decisión.
Alex bajó la vista al contrato. Sus labios se curvaron apenas, en una línea que no era exactamente una sonrisa.
—Bienvenida oficialmente a Frederick Holdings, Alma —dijo.
Mi nombre en su boca sonó a promesa. O a amenaza.
No estaba segura de qué me asustaba más.
Mientras Sofía guardaba el contrato y hablaba de credenciales, mi cuerpo seguía reaccionando como si no hubiera firmado solo un empleo.
Como si algo mucho más profundo acabara de decidirse por mí.
POV: AlmaCuando entramos a la sala de análisis, Umbra ya nos está esperando.«Actualización Consejo:– Solicitud extraordinaria de información sobre ND-07.– Petición de “contexto clínico” del caso TRISH, ALMA.»Mila chasquea la lengua.—“Contexto clínico” —repite—. Traducción: quieren munición.Me dejo caer en la silla. El café con Damian, la discusión con Alex, la llamada con Inés… todo me pesa en los hombros.—Veamos qué hicieron mientras dormíamos poco —digo.Umbra proyecta una línea de tiempo en la pared: movimientos del Consejo, anotaciones de Alex, tickets de Cumplimiento, toques de la Fundación. Un enjambre.—Aquí —dice Mila, acercándose a la pantalla—. Este ticket de Comunicaciones internas no estaba ayer.«Nuevo ticket: Campaña de sensibilización sobre salud mental en el trabajo.Solicitante: Cumplimiento (ND-07).Revisión: RR.HH. / Fundación Kalper.»Me río, pero suena como si me faltara aire.—Claro —murmuro—. Años ajustando informes en silencio y justo ahora se acuerdan
POV: AlexUmbra me avisa antes que nadie.«Nueva interacción registrada: TRISH, ALMA / KALPER, DAMIAN.Ubicación: café externo. Duración aproximada: 47 minutos.»Cierro el reporte del comité y me quedo mirando esa línea como si fuera una herida.Café externo.No sala de reuniones, no videollamada, no pasillo de la torre. Él la sacó de Frederic. Y ella fue.La parte alfa solo ve a Kalper sentado frente a mi omega, hablando de cosas que no controlo.Nieblas se agita debajo de la piel.—Trae a Alma al piso cuarenta —le digo a Umbra.Llega media hora después.Sin blazer, con ojeras, con ese olor mezclado a café y lluvia que me provoca un tipo de hambre que no tiene nada de elegante.—¿Qué pasa? —pregunta, apenas cruza la puerta—. Mila dijo que era urgente.—Umbra registró tu reunión de hoy —respondo—. Con Damian. Fuera de Frederic.Se detiene. No huye, pero se tensa.—¿También tengo que pedir permiso para tomar café? —lanza.—Depende con quién —contesto.Cierra la puerta. No quiere públic
POV: AlmaEl café donde me citó Damian tiene demasiadas ventanas.Frederic Tower se ve desde aquí como un reflejo en un vaso: alta, brillante, peligrosa. Más atrás, la torre de Kalper corta el cielo con esa elegancia discreta que siempre me pareció sospechosa.Llega puntual. Siempre llega puntual.Trae camisa abierta en el cuello, abrigo oscuro, el aire de alguien que podría estar en una reunión de Consejo dentro de diez minutos si quisiera. Deja el celular boca abajo sobre la mesa, como si eso fuera un gesto de cortesía.—Gracias por venir —dice.—No vine por ti —respondo—. Vine por la auditoría.Sonríe apenas.—Eso nos deja a mitad de camino —contesta—. La auditoría es cosa de los dos.No pierdo tiempo.—Umbra terminó el primer mapa de ND-07 —digo—. Patrón claro, diez años, demasiados expedientes tocados. Nada nuevo para ti, supongo.—Lo esperaba —admite—. Nadia no trabajaba en el vacío.Lo miro fijo.—Lo que tal vez no esperabas —continúo— es que Umbra también marcara otra cosa.—¿
POV: AlmaEl reporte de ND-07 sigue abierto cuando vuelvo a la sala de análisis. Las filas sin nombre me miran desde la pantalla como pequeñas versiones mías atrapadas en celdas de Excel.Mila está con los pies descalzos sobre la silla y el café ya frío.—¿Dormiste algo? —pregunta.—Lo justo para soñar con tablas dinámicas —respondo, dejando mi mochila.Umbra despierta en la pantalla central.«Sesión previa: Condiciones Trish – Auditoría ND-07.¿Desea continuar donde lo dejó?»—Sí —le digo—. Pero hoy no quiero gráficos.Mila se estira.—¿Qué quieres?Miro las filas.—Caras.Ella entiende de inmediato.—¿Estás segura? —pregunta—. Una cosa es ver patrones, otra es meterte en la vida de la gente.—Ellos se metieron antes —respondo—. Al menos alguien debería preguntar si están vivos.Mila suspira.—Umbra —dice—, muéstranos casos individuales que coincidan con el patrón de Alma, pero con riesgo actual bajo. Nada hoy en observación ni con juicios abiertos.La lista se reorganiza. De decenas
POV: AlexUmbra me espera cuando llego al piso cuarenta.La pantalla principal muestra dos avisos fijos:«Nuevo módulo: Condiciones Trish.Nuevo reporte: Intervenciones ND-07 – Vista agregada.»Alma no pierde el tiempo.Activo el acceso. Las gráficas aparecen: barras, líneas, fechas. Clínicas, aseguradoras, unidades de salud mental, comités de riesgo laboral. En todas partes, el mismo código: ND-07.La primera reacción es profesional.La segunda es instinto. Y el instinto quiere arrancar la pantalla de la pared.No es solo Alma. Es una década de informes que bajan el tono después de pasar por Cumplimiento. Casos que dejan de ser urgentes para convertirse en “manejables” justo cuando a alguien le conviene.—Muestra el subgrupo con episodios agudos y recomendación de encierro —ordeno.La lista se acorta, pero sigue siendo demasiado larga.Fechas de hace diez años. De hace cinco. De hace uno. La firma de Nadia al pie de muchos documentos. O la de su área, cuando prefirió esconderse en si
POV: AlmaVolver a mi departamento se siente más difícil que salir de la torre.Camino sin mirar atrás, cruzo la calle en automático, subo al bus equivocado, me bajo dos paradas después y termino caminando porque no soporto estar encerrada con desconocidos apretados alrededor. Cuando por fin estoy frente al edificio, me quedo un segundo quieta, como si el citófono fuera otro comité esperando decidir por mí.Subo.El silencio del departamento me cae encima. No es el silencio controlado del piso cuarenta ni el del subsuelo; es ese vacío que te recuerda que, si te pasa algo aquí, nadie se entera hasta mucho después.Me ducho rápido, como si el agua pudiera sacarme de encima palabras como “unidad de observación prolongada”, “marcos de protección”, “riesgo”. Como si también pudiera borrar la forma en que Alex y Damian me miran, tan distintos y tan parecidos: uno como punto débil, el otro como grieta útil.Casi no ceno. Me tiro en la cama cuando aún estoy medio húmeda, con el pelo enredado





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