POV: Alma
Dormí mal.
No por los vecinos ni por la lluvia, sino por una frase que no paraba de dar vueltas en mi cabeza: alguien allá arriba quería ver qué veía yo.
Ayer fue mi primer día y ya me habían lanzado una muestra de Sonata. En el bus de vuelta a casa, justo antes de quedarme sin datos, vi el correo de Fernandez:
“Desde mañana tendrás acceso completo al proyecto Sonata.”
Acceso completo. Segundo día.
En el bus hacia Nova Lyra, abracé la carpeta con mis credenciales como si el plástico pudiera protegerme de algo que todavía no entendía.
Cuando crucé el lobby de Frederick Tower, el olor ya familiar me golpeó: café, perfume caro, desinfectante. Y debajo, tenue, ese eco de tormenta que intenté ignorar.
El ascensor hasta análisis de riesgo iba lleno. Nadie hablaba. Yo miré los números subir.
Veintiocho. Recursos Humanos.
Treinta. Dirección.
Treinta y uno. Nuestro piso.
Mila ya estaba en su cubículo cuando llegué. Pelo húmedo, termo enorme, expresión de “no me hables hasta el pri