POV: Alma
Alex no me preguntó cómo había dormido.
Lo supe en cuanto lo vi: no porque no le importara, sino porque ya tenía la respuesta. Estaba sentado frente a la mesa larga del comedor del penthouse —esta vez sí, el suyo— con una pantalla abierta y otra cerrándose al mismo tiempo, como si hubiera terminado de revisar algo justo antes de que yo entrara.
—Buenos días —dijo, levantando la vista.
—Buenos días.
Su mirada se detuvo en mí un segundo más de lo habitual. No en mi ropa, no en mi cuerpo