Mundo ficciónIniciar sesiónNunca imaginé que mi virginidad valdría exactamente ciento cincuenta mil coronas de oro, hasta que el martillo golpeó y mi vida dejó de pertenecerme. Adriana Valdés fue subastada como mercancía y comprada por el Rey Inmortal de Valdoria, un hombre que lleva doscientos años consumiendo la vida de sus esposas para sobrevivir a una maldición ancestral. Cuarenta y siete novias antes que ella murieron drenadas hasta convertirse en cáscaras vacías. Adriana debería ser la cuarenta y ocho. Pero ella es diferente. Porta la marca de las brujas Valdés, las únicas capaces de devorar maldiciones. Y en lugar de debilitarse cuando el Rey bebe de ella, Adriana comienza a drenar su poder. Ahora él depende de ella tanto como ella de él, en un peligroso juego de supervivencia donde la línea entre depredador y presa se desdibuja con cada beso robado. Atrapada entre el Rey que debe consumirla y su hijo Damián que jura salvarla, Adriana tiene un mes para decidir: ¿romper la maldición y liberar al monstruo del hombre que podría amar, o convertirse en la reina más poderosa y oscura que Valdoria haya conocido? Algunas maldiciones se rompen. Otras te transforman.
Leer másLa sala grande no olía a cera esta vez.
La mañana después de una tormenta tiene su propio silencio. No el silencio del antes, tenso y cargado de electricidad, sino el silencio del después: ese estado de calma que se instala cuando el mundo ha terminado de decir algo violento y todavía no ha decidido qué decir a continuación.El jardín olía a tierra mojada y a piedra limpia. Las hojas de los árboles más viejos, los que bordeaban el muro norte del palacio, todavía goteaban agua en intervalos irregulares, y cada gota producía un sonido diminuto contra las losas de piedra que yo había aprendido a escuchar como una especie de metrónomo involuntario. Útil para concentrarse. Útil para no pensar demasiado en otras cosas.—Otra vez —dijo Kai.No era una pregunta. Era la instrucción que llevábamos usando desde que empezamos con esto, semanas atrás, cuando las rá
La tormenta llegó sin aviso, como llegan las cosas que no piden permiso.Primero fue el viento: un golpe seco contra las ventanas del ala este que hizo vibrar los marcos de piedra y apagó de golpe todas las luces del pasillo. Después el silencio de un segundo, ese silencio particular que precede al caos, y luego el ruido de la lluvia cayendo con una fuerza que no tenía nada de natural. El clima mágico en Valdoria no se comporta como el clima en ningún otro lugar. Las tormentas aquí tienen intención. No siempre la de dañar, pero sí la de recordar quién manda cuando los muros del palacio se quedan sin electricidad y lo único que queda son las velas.Nexus ordenó que reunieran a la familia en la sala grande del ala central. No como precaución exactamente, sino como protocolo: cuando el clima oscilaba de esta manera, impredecible y cargado de estática mágica, era
La señal llegó como siempre llegan las cosas que no tienen consideración por el momento: sin aviso, sin disculpa, con la urgencia fría de algo que no negocia.Yo estaba dormida.No en el sentido ligero en que una duerme cuando tiene demasiado en la cabeza y el cuerpo finalmente impone su voluntad. Dormía con la densidad de semanas acumuladas, de conversaciones que habían costado más de lo que cualquier conversación debería costar, de recuerdos que no me pertenecían y que sin embargo había elegido compartir. Adriana me había dado acceso a esos fragmentos pequeños —Damián tomando café con las manos envueltas alrededor de la taza, Damián leyendo en silencio con una expresión que nadie más veía— y el proceso de recibirlos había sido, descubrí demasiado tarde, agotador de una manera que no se parecía a ning&uac
Último capítulo