Mundo ficciónIniciar sesiónAdriana había fantaseado mil veces con reencontrarse con su hermano, pero ninguna de esas fantasías incluía que él viniera a matarla con espada bendecida mientras una turba coreaba su ejecución.
El silencio que siguió a su nombre fue más ensordecedor que todos los gritos de "muerte a la bruja" combinados. Javier se quedó inmóvil en medio de la plaza, su espada de plata aún apuntando hacia el balcón donde Adriana estaba parada, y por un momento que se estiró como eternidad, solo se miraron el uno al otro a través de la distancia y los cinco años que los separaban.
Él había cambiado. El niño de veintitrés años que había intentado dete







