Mundo ficciónIniciar sesiónLos fantasmas de cuarenta y siete novias asesinadas tenían muchas formas de pedir venganza, pero Adriana nunca imaginó que comenzarían ofreciéndole un trono de huesos y coronándola reina de los muertos.
La túnica negra que le habían dado para reemplazar el vestido de novia manchado rozaba el suelo de piedra con susurro que sonaba demasiado parecido a voces susurrantes. Adriana caminaba por los pasillos helados del palacio flanqueada por los dos hombres que habían marcado su carne y su destino de formas irrevocables: el Rey a su derecha, todavía débil del intercambio de poder que había ocurrido apenas horas antes, y Damián a su izquierda, con expresión de furia apenas contenida que hacía que los músculos de su mandíbula se tensaran vi







