Mundo ficciónIniciar sesiónLucy Anderson, está atrapada en un matrimonio de dolor y abuso, por eso toma la decisión más peligrosa de su vida: huir de Ezra, su cruel esposo. Y recurre a Eros Dervishi, el hermano de su marido, un hombre tan peligroso como irresistible. Pero Eros no es un salvador desinteresado; para ayudarla, exige algo a cambio: que se convierta en su esposa falsa. Y así un pacto frío y calculado pronto se convierte en un torbellino de deseo y emociones prohibidas. Donde Lucy descubre un mundo de placer y dominio que despierta deseos que jamás había conocido, mientras que Eros lucha contra los demonios de su pasado y el creciente amor que siente por su cuñada. Pero su amor está condenado. Ella es la esposa de su hermano, un pecado que no puede permitirse. Sin embargo, cuando está a punto de perderla, se da cuenta de que Lucy no es solo su esposa falsa. Es su obsesión, su debilidad y su mundo.
Leer másMis hermosas, hoy se nos despide Eros… por ahora.Porque aunque esta historia termine aquí, en realidad apenas comienza. Lo que vivimos juntas sigue en los próximos libros, y eso me llena el corazón de emoción. Como ya vieron en mi página oficial, el siguiente paso es Kiara. Gracias, de verdad, no tengo palabras para expresar lo mucho que significa para mí su apoyo, sus mensajes, su amor incondicional por estos mundos que construimos juntas.Ustedes hacen que cada historia valga la pena.Hasta entonces, nos vemos en la siguiente historia..Las amo, Paulina W
LO QUE ELLA ELIGIO PARA TI.Zane seguía en el mismo lugar, con los nudillos marcados contra la madera de la mesa, sin poder dejar de pensar en Aria.En su rostro al irse. En la forma en que lo miró, como si lo odiara, como si él hubiera sido solo otro cabrón más en su historia.Su celular seguía tirado en el sofá, la había llamado, cinco veces, solo para descubrir que lo había bloqueado.Luego vino la imagen de Miranda… su prometida, técnicamente.Suspiró, pasándose una mano por el rostro.Estaba allí, porque él la había citado, pero no era para reconciliarse. Era para terminar con todo, no la amaba. Su abuelo lo había empujado a ese compromiso como parte del “paquete” para tomar el liderazgo de la organización.Una esposa bien conectada, de sangre limpia, obediente, no le importó al principio, era una formalidad, un mal necesario, hasta que conoció a Aria.Con ella todo cambió.Miranda era parte del pasado… uno que había querido dejar atrás en cuanto se permitió imaginar un futuro co
SED DE VENGANZA.Aria entró a la mansión y apenas levantó la vista, lo primero que vio fueron a los guardaespaldas: tres de ellos, arrodillados en medio del salón, con las manos amarradas detrás de la espalda y la cabeza baja. Uno tenía el rostro golpeado, el otro sangraba por la ceja, y el tercero apenas respiraba.El estómago se le encogió.Lucy apareció desde el pasillo y, en cuanto la vio, corrió hacia ella.—¡Aria! —la envolvió en un abrazo tan apretado que le costó respirar—. ¿Dónde estabas? ¡Por Dios! ¿Por qué te escapaste? ¿Qué está pasando, mi amor?No respondió. Su mirada se deslizó lentamente hasta encontrar a su padre, que estaba de pie frente a los guardaespaldas, con el rostro tenso, los ojos inyectados de furia y los brazos cruzados. Eros no se movió, simplemente la observó largo rato, como si no supiera si gritarle o correr hacia ella, hasta que habló.—¿Por qué te escapaste, Aria? —su voz tronó, rasposa y cargada de rabia—. ¡¿Qué cojones te pasa?!Ella apretó los labi
¿ESTABA SEGURA?Después de ese día, Aria se había hecho más de diez pruebas de embarazo en los baños de la universidad. Había comprado marcas distintas, en farmacias diferentes, a horas alternas. Como si eso fuera a cambiar el resultado.Pero no.Las dos rayitas seguían ahí.Cada vez que las veía, era como si le clavaran una aguja en el estómago. No importaba cuánto lo negara. Estaba embarazada y no era un error de laboratorio, era real.Ahora estaba sentada en una de las bancas que daban al jardín central de la universidad, mordisqueándose las uñas con la mirada perdida. La brisa fresca movía las hojas secas que se acumulaban en el suelo, pero ella no sentía nada.Solo el vértigo en el pecho.Según lo que había investigado —porque claro, también había navegado de incógnito por páginas y foros durante horas—, debía tener poco tiempo. Apenas unas semanas. Todavía no era un feto propiamente dicho. Aún era… algo, un cúmulo de células y si quería hacer algo, tenía que ser ahora, antes de
Último capítulo