C8- HUBIERAS SIDO MÍA
La puerta crujió suavemente, y Eros dudó. Su pulgar trazó un círculo sobre el frío metal.
No deberías estar aquí, pensó.
Y, sin embargo, giró la perilla.
La puerta se abrió con un leve chasquido, y en medio de todo, estaba la figura de Lucy, acurrucada en la cama.
Él mismo había dado la orden a François de que no la molestara. Que la dejara en paz, sobre todo después de lo que le había dicho: que se había quedado dormida de tanto llorar.
Eros no sabía qué demonios estaba h