SANGRE EN TACONES.
SANGRE EN TACONES.
Ella no respondió y el dolor en su pecho no tenía sentido, Zade no era suyo, nunca lo había sido. Pero eso no lo hacía doler menos.
Zade la miró, y por un segundo, algo parecido a la culpa cruzó su rostro, pero se esfumó tan rápido como había aparecido.
—Aria. No es el mejor momento.
—¿Para qué? ¿Para qué vea cómo te ríes con tus putas mientras mi familia se desmorona? —avanzó, temblando de rabia.
La rubia se apartó, mirándola con desdén.
—Ay, cariño—dijo, pasando un dedo por