SED DE VENGANZA.
SED DE VENGANZA.
Aria entró a la mansión y apenas levantó la vista, lo primero que vio fueron a los guardaespaldas: tres de ellos, arrodillados en medio del salón, con las manos amarradas detrás de la espalda y la cabeza baja. Uno tenía el rostro golpeado, el otro sangraba por la ceja, y el tercero apenas respiraba.
El estómago se le encogió.
Lucy apareció desde el pasillo y, en cuanto la vio, corrió hacia ella.
—¡Aria! —la envolvió en un abrazo tan apretado que le costó respirar—. ¿Dónde estab