¿ESTABA SEGURA?
Después de ese día, Aria se había hecho más de diez pruebas de embarazo en los baños de la universidad. Había comprado marcas distintas, en farmacias diferentes, a horas alternas. Como si eso fuera a cambiar el resultado.
Pero no.
Las dos rayitas seguían ahí.
Cada vez que las veía, era como si le clavaran una aguja en el estómago. No importaba cuánto lo negara. Estaba embarazada y no era un error de laboratorio, era real.
Ahora estaba sentada en una de las bancas que daban al ja