Mundo ficciónIniciar sesiónSi no tienes la suerte de nacer en una familia de deltas, betas o Alfas, tu vida será una mierda. O al menos en mi manada. Ser Omega es como nacer con una etiqueta de "sirve para lo mínimo" y créeme que esa etiqueta nunca se despega. Yo aún tenía la esperanza de que mi destino cambiara el día de mi transformación. Y sí que cambió... pero para peor. Resultó que mi compañero destinado era nada menos que Elian, el hijo del Alfa y en lugar de rechazarme, decidió encerrarme tres años en una mazmorra y convertir mi vida en un infierno a tiempo completo. Y por si el karma no hubiera hecho ya suficiente fiesta conmigo, un día me convierten en simple mercancía y terminan regalándome a Lucien, el Alfa de la Manada Oscura. De pronto me encuentro atrapada entre el vínculo de compañero que me une a Elian... y el amor inesperado y completamente loco que empieza a nacer con Lucien.
Leer másExtra 2. Él no se ha idoNarrador omniscienteLa casa estaba en completo silencio un silencio un tanto incómodo. Ese tipo de silencio que todo el mundo nota pero nadie dice nada.Luz subió las escaleras sin mirar a nadie, no se entretuvo en saludar a nadie. Lo único que hizo fue subir directamente hacia su dormitorio. Entro y cerró la puerta tras de sí.…Se quedó quieta durante unos segundos. Lo único que podía hacer ahora era respirar e intentar calmarse, pero de repente ese aroma llegó de nuevo a ella. Luz trato de convencerse a sí misma de quizás la cocinera estuviera preparando café, salió de su dormitorio a toda prisa y bajo hasta la cocina pero allí nadie estaba preparado café. Luz frunció el ceño.—No…Volvió a inhalar y el aroma seguía ahí, no se había ido. Se pasó una mano por el pelo, empezando a ponerse nerviosa.—No tiene sentido…Caminó por el pasillo y miro a su alrededor. No había nadie y sin embargo el aroma estaba allí. Luz se detuvo en seco.—¿Por qué…?Apretó lo
Capítulo extra 1. Mala suerteEl sol comenzaba a colarse entre los árboles del bosque cuando Luz se dejó caer de espaldas sobre la hierba húmeda.Había pasado toda la noche allí.Primero después del ritual, luego caminando sin rumbo entre los árboles, y finalmente sentándose en aquel claro que siempre le había gustado desde niña. El mismo sitio al que venía cuando necesitaba silencio.El problema era que ahora el silencio tampoco ayudaba demasiado.Escuchó pasos acercarse por la hierba.—Peque, no crees que es hora de volver a casa.Luz ni siquiera levantó la cabeza.—Leo, no me gusta que me llames así. Ya dejé de ser una niña…—Para mí siempre lo serás.Luz giró la cabeza para mirarlo. Leo estaba apoyado contra un árbol cercano, con los brazos cruzados y esa sonrisa irritante que siempre tenía cuando pensaba que estaba siendo gracioso.Ella suspiró.—Vale… no puedo contigo. ¿Qué se supone que haces aquí? Y no me digas que me estás protegiendo de algún muchacho porque no cuela.Leo le
Epílogo.Dieciocho años después...El bosque estaba lleno de voces, risas, pasos y el murmullo constante de decenas de miembros de la manada reunidos en el claro principal del territorio.Era una noche importante para la manada oscura, la luna llena brillaba en lo más alto del cielo sobre los árboles.Lucien observaba el claro desde la parte alta de la colina. A su lado, Emilia mantenía los brazos cruzados mientras miraba a la multitud.Habían pasado dieciocho años desde la noche en que Elian murió.Dieciocho años desde la primera vez que la oscuridad de Luz apareció.—No puedo creer que ya haya llegado el momento —murmuró Emilia, con un hilo de nervios en la voz.Lucien no apartó la mirada del claro.—Yo sí.Emilia lo miró, con cierta ironía.—Claro que puedes decir eso. Tú no fuiste quien estuvo dieciocho años preguntándose qué pasaría esta noche.Lucien dejó escapar una pequeña sonrisa.—Tampoco creas que yo no lo pensé.Abajo, en el centro del claro, dos figuras avanzaban entre lo
Capítulo 100. El día que tanto esperabanNarrador omniscienteEl silencio volvió al claro tan rápido como había desaparecido.El cuerpo de Elian seguía en el suelo donde había caído. Sus ojos abiertos miraban el cielo oscuro entre las ramas.Marcus fue el primero en moverse.—Supongo que esto era inevitable.Lucien no respondió.Miraba el cuerpo con una frialdad absoluta. Durante años, Elian había sido una amenaza constante, una sombra que siempre parecía volver de una forma u otra.Ahora no.Ahora solo era un cadáver en medio del bosque.Marcus dio unos pasos más cerca.—¿Qué hacemos con él?Lucien habló sin apartar la mirada.—Quémalo.Marcus asintió.Dos de los guerreros que habían llegado detrás de ellos comenzaron a recoger ramas secas. En pocos minutos levantaron una pequeña pira improvisada.El cuerpo de Elian fue colocado encima.Lucien no ayudó, se quedó observando el bosque mientras las llamas comenzaban a crecer.Marcus lo miró de reojo.—Estás pensando en lo que dijo.Luci





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