Mundo ficciónIniciar sesiónA Lisa Scott le aterra encontrar a su compañero. Vió la manera en que era tratada su mejor amiga y prefiere estar rodeada de humanos y no por los de su misma especie. Criando un cachorro como si fuera suyo esta decidida a permanecer donde esta. Gabriel Roberts nunca se esperó encontrarse a su compañera rodeada de humanos y esta decidido a llevarla a su manada a cualquier costo, incluso si tiene que secuestrar a un niño.
Leer másGabriel se sentó dispuesto a trabajar, pero seguía con los mismos papeles frente a él sin leer ni una sola palabra.No porque no pudiera.Sino porque no lograba concentrarse.Su mente volvía una y otra vez a la misma escena.—Definitivamente imposible… —murmuró para sí, apoyando la frente en su mano.La puerta se abrió sin previo aviso.Gabriel no levantó la vista.—Si no es importante, vete.—¿Así recibes a tu fiel beta? Qué dolor…Gabriel alzó la mirada.Patrick estaba parado en la puerta.Con una bandera blanca en la mano.Gabriel lo miró.Parpadeó.Y volvió a mirarlo.—¿Qué… es eso?Patrick levantó la bandera con orgullo.—Prevención.—¿Prevención de qué?—De ti.Silencio.—¿De mí?—Sí —asintió como si fuera lo más lógico del mundo—. Por si estabas en modo guerra.Gabriel lo miró con cara de pocos amigos.—No estoy en modo guerra.Patrick bajó la bandera lentamente.—¿Seguro?—Patrick.—¿Sí?—Deja la estupidez.—No es estupidez, es supervivencia —respondió acercándose y dejando la
Lisa se encontraba ayudando en la cocina con el almuerzo mientras Theo estaba sentado en la mesa jugando con un par de autitos, haciendo sonidos de motor con la boca y completamente concentrado en su propio mundo.El ambiente estaba tranquilo.Y Lisa ya había aprendido que en esa casa, la tranquilidad nunca duraba mucho.Unos pasos empezaron a escucharse por el pasillo.Firmes. Seguros.Ella no necesitó girarse para saber quién era.El Alfa.Su cuerpo reaccionó antes que su mente. Buscó una excusa, cualquier excusa para salir de ahí, pero no alcanzó.Gabriel entró a la cocina y, sin decir nada, la tomó de la mano.—¿Adónde vamos? —preguntó Lisa de inmediato, intentando soltarse.No hubo respuesta.Solo su agarre firme.Lisa tiró con más fuerza.Nada.—Suéltame.Gabriel siguió caminando.—¡Gabriel!Theo levantó la cabeza.—¿Mami?Lisa dudó un segundo. Eso fue lo peor.—Estoy bien cariño —respondió rápido con una sonrisa—. Vuelvo enseguida, ¿sí? Quédate aquí.Theo los miró… y luego se b
En los días siguientes Gabriel bajaba a las mazmorras a conversar con Paul y este poco a poco empezó a confiar en el hermano de Lisa. Pronto Paul estaba caminando por las calles de la Villa en compañía de su hermana poniéndose al día.–¿Ahora sí eres feliz hermanita? –Creo que sí. –Lisa respondió con la mirada perdida– extraño a Camila pero tengo a Theo. –¿Y el cachorro qué tal es? ¿Es un travieso, no? –Sí que lo es. –Lisa tenía una sonrisa en el rostro al hablar de su hijo.Ambos permanecieron en un silencio relajado que los tenía disfrutando de la paz del lugar. –Nuestros padres te extrañan… estoy seguro de que les gustaría verte. –Y a mí. Pero lo mejor es que me mantenga alejada. Tú eres el que está lejos de todos. A ti te tienen que extrañar.–Puede ser. –Paul se notaba incómodo, como si no quisiera hablar de eso. –¿Tienes problemas con ellos? –Indagó Lisa.–No.–¿Entonces?–Pasaron muchas cosas. –¿Con la manada? –Sí.–¿Por qué? –Lisa se sorprendió con esa respuesta.–Per
–No me refería… es decir… no creo que deberíamos… en este momento… quiero decir… enmmm –Lisa prefirió quedar en silencio. Gabriel solo la miraba con una sonrisa. Empezó a acercarse y ella a retroceder hasta que estaba a un lado de la puerta con toda la espalda pegada a la pared mirando a Gabriel que ya había puesto sus brazos a su alrededor encerrandola. Lisa estaba en silencio. Se había quedado muda de los nervios.–Si hubiera pensado que solo necesitaba acercarme tanto a ti para dejarte muda… lo habría hecho antes. –Susurró Gabriel en su oído.–¿Qué? Nada que ver. –Oh sí, yo sé que tengo la razón, lo huelo en ti, estás muy nerviosa y eso que aún no hago nada. –La voz de Gabriel era sexy, sensual… hacía que los nervios de Lisa crecieran, que su corazón latiera de manera frenética. –No, no, no, no, tú estás equivocado– Lisa no sabía dónde meterse. Miraba a cualquier lado menos a Gabriel, no podía mirarlo o si no su nerviosismo sería peor. –Yo… yo me tengo que ir. Trato de empujar
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