Mundo ficciónIniciar sesiónEn un reino donde la magia está prohibida y los magos son perseguidos sin piedad, Eryn, un joven hechicero que ha perdido todo, se oculta bajo una falsa identidad para sobrevivir. Refugiado en el mismísimo castillo de sus enemigos, logra infiltrarse como sirviente sin imaginar que terminará vinculado al heredero del trono, el arrogante y encantador príncipe Evdenor. Lo que comienza como un enfrentamiento entre orgullos se transforma en una peligrosa cercanía. Con su pasado oculto, su magia reprimida y un corazón que empieza a traicionarlo, Eryn deberá decidir si arriesgarse a confiar… o perderse para siempre en el juego entre coronas y hechizos.
Leer másEsta es la misión más difícil que me han encargado hasta ahora. Llevo más de un año trabajando para Los Cazadores, la organización más famosa y mejor reconocida en lo que a caza de hombres Lobo se refiere. Más de un año desde que mi madre me confesó mis orígenes y me hizo sentir asqueada al decirme que era fruto de una relación extra matrimonial con un hombre lobo. ¡Yo! Y ese maldito cobarde que fue mi padre, que por lo que sé ya ha muerto, nunca se dignó a reconocerme, ni siquiera se planteó venir a verme, simplemente se desentendió de mi,y de mi madre. Por eso, odio a los lobos. Se aprovechan de los humanos, los usan, y los tiran y son solo piezas en su gran partida de ajedrez. Pero ahora yo he decidido darle la vuelta a la situación, ahora cazo a esos despreciables seres, y los llevo hasta el cuartel secreto de los cazadores, donde son juzgados y enjaulados, para que no utilicen a más humanos.
Pero por primera vez desde que llegué, estoy muy nerviosa, esta misión es extremadamente difícil. Soy la asistente personal del Alfa de la manada Cumbre Helada, y yo había pensado que este bastardo quería una secretaria, pero al parecer no, tengo que ser su sombra. Ni siquiera durante la noche me deja irme a mi propia casa, no, debo ocupar un cuarto en su manada, cerca de él, para ayudarlo con las tareas urgentes de primera hora.
Y lo que es peor, ese arrogante bastardo de ojos azules como el hielo y anchos hombros, me mira como si fuera capaz de leerme la mente; hay veces que llego a creer que lo ha conseguido, y sabe que mi organización de cazadores de hombres lobo me ha infliltrado en este lugar para que pueda servirles en bandeja al Alfa.
He de reconocer que tiene un físico imponente, ojos penetrantes, rostro esculpido, hombros anchos, y unos brazos que parece que pueden levantarte del suelo sin hacer esfuerzo… si no supiera que es un hombre lobo, pensaría que es un auténtico atleta de la época romana, porque ese cuerpo parece hecho para desear el pecado… pero no, yo soy Bella, la cazadora, y estoy en esta casa para cumplir la misión que se me ha encomendado: reunir información sobre el Alfa, conocer sus costumbres, y entregarlo a los cazadores en el momento justo. Esta es la misión más difícil e importante que me han encomendado hasta ahora, y no quiero liarla… no, necesito estar centrada.
Miro mi reloj de pulsera, compruebo que es la hora a la que debo llevarle el almuerzo al Alfa, y me levanto, alisando mi falda gris de tubo, y mi blusa blanca. De una nevera que hay en el enorme despacho que precede a la sala que ocupa el Alfa, saco un pequeño recipiente de cristal, vuelco su contenido en un plato y aliño la ensalada mientras pienso en como un hombre de ese tamaño es capaz de sobrevivir con una mísera ración de ensalada. Si por mi fuera… yo comería todos los días filete, o hamburguesa, pero evidentemente, sigo las indicaciones que la última asistente del Alfa me dio antes de dejar su puesto para ir a atender a sus padres enfermos en un pueblo cercano.
Me encamino hacia su despacho con el plato perfectamente preparado, los cubiertos alineados en los laterales, y abro la puerta sin llamar, ya que aparentemente le molesta que lo interrumpan cuando está trabajando. Abro, camino dos pasos, y siento como el plato se vuelca contra un duro obstáculo que se ha interpuesto en mi camino.
- Señor.- digo abriendo mucho los ojos.- lamento profundamente el incidente, no sabía que estaba usted a punto de salir.
- Bella.- dice él con esa inexcrutable voz que enciende todas las alertas de mi cuerpo.- ha sido culpa mía por no avisarla de que no me sirviera el almuerzo este mediodía.
- ¿Ah, no?.- digo mientras intento limpiar la enorme mancha de su camisa blanca.- No hay ninguna cita en la agenda.
- Eso es porque no tengo una cita profesional, Bella.- dice él sonriente.- sino personal, con mi prometida.
Y diciendo eso se da la vuelta y comienza a desabrocharse la camisa. ¡Cielo santo! Esos músculos que están quedando al descubierto al quitarse la camisa, ¿son naturales? Si parecen recreados por ordenador…
- Bella, Bella, ¿me está escuchando?
Yo vuelvo a conectar mi mente a mundo real, y dejo de observar con descaro el cuerpo de este hombre.
- Si, por supuesto.
- Le decía que llame al restaurante, y pida que avisen a mi prometida de que llegaré tarde.
- Por- por supuesto, señor.- digo con la voz temblorosa.- ¿dónde iban a comer?
- En Sant’Angelos, y no tiembles.- dice con voz amable.- ha sido un accidente, ¿no, Bella? Solo llama para que limpien la moqueta, y lleva la camisa a la tintorería.
Llamo al restaurante para dar el aviso que este hombre me ha pedido, y mientras un amable camarero coge mi comanda, escucho ciertos ruidos en el auricular. Si, la organización debe de estar escuchando mi conversación, porque sé que ese ruido es el de un micrófono al captar mis palabras. No sé cuanto va a durar esta misión, pero si que sé que estar cerca de este Alfa con cuerpo de Dios, va a ser todo un reto para mi.
La caminata ya se estaba extendiendo demasiado. Los árboles habían cambiado: ya no eran los robles familiares de los bosques de Haro, sino coníferas oscuras, troncos delgados y copas puntiagudas que arañaban un cielo cada vez más encapotado. El sendero se volvía pedregoso, hostil, y con cada paso se alejaban más de los terrenos que Eryn conocía. Eso no era nada bueno. Cada metro que avanzaban era un metro más lejos de casa, de las murallas, de la posibilidad de que una patrulla los encontrara por casualidad. Estaba cansado. A pesar de haber dormido casi toda la noche —esa noche que se suponía era suya—, el sueño no le había sido suficiente y el frío seguía metido en sus huesos como un huésped que se niega a pagar alquiler. Le dolían los hombros por la postura de las ataduras, le ardían las muñecas donde la soga le rozaba la piel y tenía hambre. Sobre todo, tenía hambre. Pero lo que realmente lo estaba sacando de quicio, lo que lo hacía apretar los dientes hasta casi romperse una mue
La puerta se cerró tras ella con un chillido agudo que se clavó en la nuca como una astilla. Fae sintió la piel erizársele bajo la túnica, pero no bajó la cabeza. No lo haría. Llevaba demasiado tiempo ensayando este momento como para flaquear ante el primer presagio de peligro.Estaba parada frente a un príncipe. Y no ante cualquier príncipe, sino ante el más cínico del que hubiera oído hablar en todos sus años de huida: Lysandrel.El joven noble la observaba desde su sillón de respaldo alto como quien estudia un insecto curioso que se ha colado por la ventana. Tenía las piernas cruzadas con desidia y una sonrisa pequeña, casi íntima, bailándole en los labios. No dijo nada al principio. Solo la miró. La recorrió. La desmenuzó en silencio.Luego hizo un ademán con la mano, dos dedos apenas alzados: habla.Fae, a pesar de no sentirse nada cómoda —el aire de esa habitación olía a perfume caro y a algo podrido debajo—, desvió la mirada hacia la silla vacía frente al escritorio.Lysandrel
Las miradas de todos caían sobre él. Unas curiosas, otras molestas, y sin duda también había miedo entre ellas. La corte no tenía disimulo para observarlo, como si fuera un animal exótico recién llegado de tierras lejanas. Era extraño que estuviera ahí, sentado en la misma mesa que los nobles, los consejeros y los altos mandos militares. No era la primera vez que Eryn asistía a una reunión del consejo, claro. En el pasado había estado presente en algunas, colocándose tras Evdenor con la bandeja del té o los pergaminos que el rey pudiera necesitar. Un sirviente invisible, útil pero prescindible. Pero ahora la situación era diferente. El joven mago estaba sentado con ellos. Y no en cualquier lugar. Evdenor, para marcar el tema de discusión y ejercer poder y control frente a todos, lo había obligado a sentarse en su sitio. En el sillón principal, el que ocupaba el rey cuando presidía las reuniones. Y él, el mismísimo rey de Haro, estaba de pie tras él, con ambas manos apoyadas sobre l
Ingreso a las cámaras con la cabeza agachada, aún sentía vergüenza por su arrebato, aunque ya habían pasado dos días desde que se enteró de que la boda de Evdenor estaba a la vuelta de la esquina. Pues, ya con dos días, solo quedaban cinco, donde él sentía que cada minuto que pasaba le costaba aún más.El rey no se encontraba en su habitación, ya casi no pasaba tiempo ahí. Ahora se la pasaba con Judith y Eryn entendía perfectamente, ya que debían congeniar, llevar a cabo prácticas de cómo sería la boda y la coronación de la nueva reina de Haro. No solo era eso, sino que también debía entender asuntos políticos referentes a Eryn mismo. No se lo dijo personalmente, pero el hechicero, siendo tan curioso como siempre, había revisado algunas cartas recientes de los demás reinos. Hasta había una de un reino muy alejado, muy lejano de Haro, que insistía a Evdenor que debía entregar a Eryn y usarlo para curar enfermedades que aún no conseguían cura.No le sorprendió en lo absoluto, ya teniend
Último capítulo