77. Gemelos.
El pasillo era un túnel de silencio y piedra fría. Lioran sentía el eco de sus propios latidos golpeándole los oídos, un tambor de ansiedad que marcaba cada segundo de espera. Había dejado de apoyarse en la pared hacía rato; ahora trazaba círculos sobre las losas gastadas, un tigre enjaulado por la preocupación. El susurro de su propia respiración le parecía ensordecedor.
Demasiado tiempo. Bertrand era directo, no dado a largos discursos. Algo no está bien.
Detuvo su marcha incesante frente a l