Mundo ficciónIniciar sesiónDominic Blackwood es el rostro del miedo. En su mundo, el silencio es supervivencia y su palabra es la última ley. Nadie se atreve a respirar fuerte en su presencia, hasta que ella entra en escena sin pedir permiso. Chloe Donovan tiene una lengua de plata y un instinto de supervivencia nulo. Ella no teme a la oscuridad de Dominic; la desafía, la insulta y la desmantela frente a sus propios hombres. Él es el poder absoluto; ella es la única variable que no puede controlar. Dominic está convencido de que solo quiere someterla. Chloe está segura de que no se dejará domar. Pero en un juego de obsesión donde el deseo se confunde con el odio, Dominic descubrirá que ella no es solo un capricho. Ella es su factura pendiente. El hombre más sanguinario del país está a punto de aprender que, por más alto que sea el trono, siempre hay alguien capaz de hacerte caer de rodilla
Leer másDominic BlackwoodLa mansión, que antes era un hervidero de conflictos, dramas familiares y ruidos constantes, ahora se sentía como un templo dedicado a nuestra propia versión del caos. Pero hoy, ese silencio que tanto me había costado apreciar se sentía como una trampa. Tenía que asistir a la gala de la Fundación Alistair, lo que en el lenguaje de los bajos fondos de Londres significaba una reunión de buitres con esmoquin.Ajusté los gemelos de plata frente al espejo, observando mi reflejo con una mezcla de tedio y desprecio. El clan Blackwood estaba, por primera vez, disperso.Spencer, mi mano derecha y el hombre que normalmente disfrutaría de este tipo de eventos solo por el champagne, me había dado un "no" rotundo por teléfono. Casey había comenzado con sus primeros antojos —al parecer, el heredero de Spencer tenía una fascinación nocturna por los pepinillos con helado de vainilla— y mi hermano se negaba a dejarla sola ni un segundo. Por otro lado, Mia estaba experimentando su pro
ADVERTENCIA: Este capítulo contiene descripciones detalladas de contenido sexual explícito, lenguaje adulto y situaciones de alta intensidad erótica.Dominic BlackwoodEl silencio de la mansión ya no era un peso, sino una oportunidad. Con Liam, Mia, Spencer y Casey fuera de estos muros, el aire se sentía distinto. Las reglas de decoro, los protocolos de seguridad interna y la necesidad de mantener las distancias se habían esfumado con los camiones de mudanza. Ahora, este mausoleo de mármol nos pertenecía solo a nosotros.—Ven conmigo, Ross —susurré contra su oído, tomando su mano con una firmeza que no admitía réplicas.La guié por el ala oeste, hacia una zona que siempre había permanecido cerrada: mi estudio privado de la planta superior, una habitación que ni siquiera el servicio se atrevía a limpiar sin mi presencia. Al abrir las puertas dobles, el olor a cuero viejo, whisky caro y sándalo nos envolvió. La habitación estaba iluminada solo por el resplandor de la ciudad a través de
Chloe DonovanEl cumpleaños número veintitrés de Mia no fue solo una celebración de su vida, fue el cierre de un capítulo oscuro que casi nos destruye a todos. Verla salir de la clínica St. Jude, con esa piel que finalmente había recuperado su brillo y esa mirada de acero que solo una Blackwood posee, fue el mejor regalo para los Donovan. Pero lo que más me impactó fue verla con mi hermano.Liam la miraba como si fuera el centro de su universo personal. Él, que siempre había sido un bloque de granito y violencia, se volvía seda ante ella. La tensión del "embargo" parecía haberse disuelto en una complicidad nueva, más madura. Mia estaba feliz, radiante, y por un momento, entre copas de champagne y risas en el jardín de la mansión, sentí que la guerra con los Rose estaba a un millón de kilómetros de distancia.Sin embargo, la verdadera bomba estalló a la mañana siguiente.—Nos mudamos —soltó Mia durante el desayuno, con una naturalidad que casi hace que Spencer se atragante con su tosta
Chloe DonovanMe desperté sintiéndome eléctrica. Ya no había rastro de la pesadez de las hormonas, ni del mareo de la sedación. Era como si mi cuerpo, finalmente libre de químicos y de la presión de la extracción, hubiera decidido despertar todos sus receptores sensoriales al mismo tiempo.Dominic estaba a mi lado, todavía dormido, con el torso desnudo y esa expresión de calma que solo mostraba en la penumbra. Me quedé observando las cicatrices de su espalda, la fuerza de sus hombros y esa mandíbula que tantas veces se había tensado para no sucumbir a mis provocaciones. Recordé sus "duchas frías", su "noche de no-sexo" y su paciencia infinita de las últimas semanas.Se acabó el tiempo de la paciencia.Me deslicé sobre él con la agilidad de un gato, sentando mi peso sobre sus caderas. Dominic abrió los ojos de golpe, sus pupilas dilatándose al instante al verme allí, vestida solo con una fina bata de seda que no ocultaba nada.—Chloe... —su voz era un rugido bajo, ronco por el sueño—.
Último capítulo